Thursday, June 08, 2006

Homofobia por el Dr. Ricardo Duranti *

Depresión, fobias, ataques de pánico, etc. ¿Qué tienen en común? Son expresiones de un desorden producto de la represión de la propia sexualidad causado por la lenta incorporación desde el nacimiento, de la pauta cultural acerca de lo que está bien y lo que está mal, aplicada al área más privada del ser humano como es la sexualidad.
En muchos casos los terapeutas suelen atribuir los cuadros sintomáticos al propio sujeto que los padece, y no dudarían en clasificar muchas de las situaciones como fobias.
¿Qué es una fobia?
Es un temor exagerado a un tipo específico de estímulo o situación
Mientras que una situación determinada que suscita placer evoca una conducta de acercamiento, una que suscita miedo evoca la evitación. Los miedos quedan ligados a situaciones específicas como resultado de procesos de aprendizaje. Por ejemplo, los padres con problemas no resueltos en relación a su propia sexuali- dad, inculcan miedos en la infancia que emergen en la vida adulta en forma de miedos sexuales. Algunas veces las conexiones asociativas en las fobias parecen bastante directas, pero en la mayoría de los casos esas conexiones son bastante oscuras.
Sin embargo en estos casos, el problema no es inherente al sujeto, sino a un sistema que clasifica las posibilidades de la sexualidad en pares opuestos: hombre o mujeres, masculinos o femeninos, activos o pasivos. Pero la sexualidad tiene un casi infinito rango de posibilidades, y entre cada extremo de pares existe una enorme gama de grises intermedios.

El monstruo está afuera
En el caso específico de la homofobia esto no es una fobia en el sentido expresado antes. Se trata de una forma de nombrar a un proceso por el cual un sistema cultural (el nuestro, específicamente) rechaza una forma de sexualidad no admitida por las pautas consensuadas en el mismo. Estas pautas son aprendidas desde el momento del nacimiento al incluirse al recién nacido en el esquema culturalmente imperante de división por sexos (macho-hembra) el cual es reforzado a lo largo de la vida con todas las convenciones que clasifican situaciones, conductas y objetos como masculinos y femeninos.
Si bien la división por sexos puede considerarse "natural", la división por géneros es claramente una construcción cultural que presenta
una amplia variación al examinar distintos sistemas socioculturales.
Se llama Homofobia" a los sentimientos negativos, actitudes y conductas dirigidos contra las personas homosexuales" (Weinberg, 1972; De Cecco, 1984).
Se trata de una forma de pensar que no admite oposición y que, en la mayoría de los casos, condiciona fuertemente la conducta de quienes la sufren, los homofóbicos.
El grado de rigidez para admitir las diferencias entre la propia sexualidad y las pautas establecidas por la cultura, marcará la virulencia en que se expresará la homofobia. Así tendremos desde creencias negativas acerca de las minorías sexuales -que podrían o no expresarse-, la exclusión de espacios tales como la educación o el derecho a la materpaternidad, hasta los casos de violencia abierta.
Como hemos recorrido un largo camino, la homofobia hoy no es bien vista, de modo que queda bien tener algún/a amigo/a homo. Sin embargo, admisión y tolerancia no es lo mismo que respeto.
La homofobia opera en distintos niveles, los cuales se hallan estrechamente interrelacionados:

La homofobia individual:
Es el sistema personal de creencias (prejuicios) por el que las minorías sexuales son pasibles de compasión por algún detalle personal que choque con los valores internalizados, o sencillamente por considerar que contradicen las leyes de la naturaleza.

La homofobia Interpersonal
Cuando un prejuicio afecta los vínculos entre las personas convirtiendo el prejuicio en discriminación. Los chistes, motes difamantes, la agresión verbal, o física, la falta de apoyo, los conflictos laborales, son ejemplos claros de este nivel.
Según una encuesta realizada en los E.E.U.U., más del 90% de los interrogados había experimentado algún tipo de señalamiento por su orientación sexual, y más del 30% había sido agredido directamente con violencia y el mismo porcentaje padeció abuso por parte de la policía. Creo que está demás aclarar que en nuestro país los porcentajes deben ser similares, si no mayores.

La homofobia institucional
Aparece cuando organismos estructura-dos (gubernamentales, religiosos, educativos o empresariales) discriminan en forma sistemática por la orientación sexual. En general son las leyes o códigos quienes se ocupan de hacer efectiva la discriminación.

La homofobia cultural
Son las normas o códigos de conducta que, si estar expresamente escritos, funcionan socialmente para legitimar la discriminación. Los ejemplos son múltiples: negar espacios para congregarse, impedir el acceso a puestos de poder, problematización del acceso a los servicios de salud, restricción de la representatividad. Lo que más daño causa, sin embargo, es el enorme temor a la visibilidad excesiva, presionando a los miembros de las minorías sexuales para que pasen desapercibidos y supuestamente "integrados". Otro, es la creación de los estereotipos como una forma de control y de evitar el entendimiento social. Abundan los estereotipos desde los supues- tos apetitos sexuales insaciables hasta los de la apariencia física y la búsqueda constante de causas biológicas.
La cultura alimenta el desprecio hacia las minorías sexuales y nadie se libra de él. La imagen que se crea es negativa y estereotipada y los medios de comunicación distorsionan aún más esta imagen al relacionar la homosexualidad con el crimen y las drogas. Cuando un delito es cometido por un homosexual, o bien cuando un homosexual es víctima de un delito, se destaca inmediatamente su orientación sexual.

El monstruo está adentro
Pero todo lo anterior no explica los casos mencionados al principio, ya que ninguno de ellos sufrió, en apariencia, un episodio de discriminación. Sin embargo, la homofobia más efectiva y paralizante es la que el homosexual carga consigo durante toda su vida. Es la temible homofobia internalizada (o autofobia).
Todo homosexual crece en esta sociedad homofóbica, y como su identidad sexual no debe hacerse evidente, en la mayoría de los casos, hasta la adolescencia, aprende desde muy temprana edad los estereotipos contra los homosexuales. Esto es independiente de la edad en que el homosexual se concientiza de su condición. Por eso se habla de homofobia internalizada.
Para los homosexuales, aceptar que la homofobia -y toda la carga de agresividad que ella conlleva- es parte de su personalidad y que los ha dañado emocionalmente, no es fácil.
Aún en los ámbitos psicoterapéuticos más liberales, los homos deben enfrentarse con el mito de que su orientación es patológica, a pesar de que los estudios serios que han tratado de encontrar alguna diferencia entre la salud mental de los homos, y los héteros han fallado. Y son pocos los terapeutas (aún entre los terapeutas homosexuales) que buscan la fuente de muchos de los síntomas de sus pacientes con orientación sexual homosexual no en la homosexualidad en sí misma, sino en la intolerancia social.
Ninguna orientación sexual está libre de patologías y aunque puedan existir reparos acerca de la calidad de vida que una orientación sexual da a cada sujeto, el análisis de la homofobia interiorizada de los homosexuales debe ser una prioridad, ya que, en general, no se reconoce el daño psicológico que ésta produce.
La homofobia actúa en los homosexuales como una camisa de fuerza que les impide moverse libremente en cualquier espacio social, laboral o vincular. La principal consecuencia es el silencio y la invisibilidad, con la consecuente desvalorización personal que esto produce. La opción por la invisibilidad no sólo limita sino que destruye la creatividad.
La invisibilidad, supuesta garantía de integración, los lleva a una enorme pérdida de energía y a sufrir desajustes en todas las áreas del quehacer humano.
La homofobia es peligrosa, además, por- que se compone en su mayor parte de material reprimido y alojado en el inconsciente, desde donde opera en forma de síntomas o de conductas paradojales para un homosexual. El papel del "súper pariente siempre dispuesto", capaz de hacer a un lado la vida personal en aras de otros, es una compensación por la culpa de ser diferente, y es la mejor demostración de las propias carencias ante los otros. Cuando un gay se burla de las "locas", expresa en forma de chistes una agresión que, en realidad, él mismo recibe de la cultura (¿mariquitofóbica?). Cuando una "loca" actúa agresivamente, presuponiendo que todos desean ser mujeres y burlándose de todo aquel que no entre en el estereotipo, no hace más que actuar en negativo todo aquello que lo/a agrede en lo cotidiano. Cuando el/la travesti reacciona en forma paranoica ante supuestas agresiones de otros homosexuales, no hace más que defenderse de una agresión presentida por llevarla consigo. El sentirse constantemente perseguido, es una forma de aceptar la represión porque se es, de alguna manera, inaceptable. También aparece la homo- fobia con esa fantasía, común a los gays, de preferir "hombres de verdad", heterosexuales. Idea paradojal, ya que preferir hombres que son inconquistables es una locura, pero también es homofóbico, ya que refleja un odio hacia sí mismo.

Todo puto es un homófobo.
Uno de los más habituales medios que usa el inconsciente para manifestar la homofobia internalizada, es por el odio hacia otros gays: "quiero un hombre de verdad" (los gays no son hombres). La desconfianza hacia las relaciones que establecen otros y su tendencia a sabotearlas o menospreciarlas, la rigidez para aceptar estilos de pareja alternativos (del mismo modo que la socie-dad no acepta las relaciones entre homosexuales), la división en clanes (gays, travestis, lesbianas, etc.) considerados irreconciliables, la negación de diferencias (los bisexuales no existe), no son más que la traducción del desprecio cultural hacia la homosexualidad hecho carne.
El prejuicio aparece en los momentos más insospechados, en las relaciones más afectuosas, en los vínculos más estrechos.
El primer paso para ser mejor persona y tener una vida más plena, es descubrir la homofobia internalizada, ya que la misma:
Encierra a las personas en roles de género rígidos, disminuyendo así la creatividad y la capacidad de expresión
El condicionamiento homofóbico impide desarrollar vínculos de mayor intimidad entre las personas del mismo sexo.
Limita la comunicación y los vínculos familiares.
Puede empujar a tener sexualidades desa-
justadas por demostrar "lo contrario"(adolescentes en desarrollo)
Entorpece la efectiva prevención de las Enfermedades de Transmisión Sexual.
Inhibe la capacidad de apreciación de la riqueza de la diversidad.
Desvía energía que podría ser utilizada para otra cosa.
Desacredita los logros de los grupos marginados.
Somete y oprime a otros seres humanos.
La negación es uno de los mecanismos más habituales de la desvalorización y el dolor por una sexualidad diferente. Así, los gays que niegan la represión o que dicen ser felices y no sufrir ningún problema como homosexuales- algo difícil en una sociedad discriminadora como la nuestra-, o que creyendo que comportándose como sujetos "integrados" no tendrán problemas, simplemente niegan la realidad.

* Revista Nexo 57/98

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

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10:43 AM  
Blogger Ruper Madge said...

Y q hay de los homosexuales q tienen vergüenza o les importa demasiado el q dirán al demostrar libremente su afecto por el otro en público, ya sea una simple caricia o tomada de mano o porque no un beso ¿? Eso también una forma de ser auto homofovico, si nos auto censuramos nosotros mismos y tenemos vergüenza de expresar nuestro sentimiento por nuestro compañero, q podemos esperar de la gente heterosexual ¿?

12:02 AM  

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