Thursday, October 19, 2006

Marcha por la derogación del artículo 80 del Código de Faltas








Agradecemos a Mendoza Alternativa

Wednesday, October 11, 2006



Presentación de Vanguardia queer (2005)


Tuesday, July 11, 2006

Ciclo de cine queer.

Vanguardia queer
presenta:

Cuerpos subversivos: Ciclo de cine queer

Viernes 19, 30 hs. / Entrada libre y gratuita

14/07
“El D2” de Rodrigo Sepúlveda.

“Un hombre llamado flor de otoño” (España, 1978) de Pedro Olea.

Sinopsis: Lluis de Serracant es un joven abogado descendiente de una familia burguesa catalana. Esto no le impide llevar una sorprendente doble vida, mientras que por el día se ocupa en sus asuntos de trabajo, por la noche se transforma en “Flor de otoño”, conocido travesti que actúa en un pequeño cabaret.

21/07
“El beso de la mujer araña” (EE.UU, 1985) de Héctor Babenco.

Sinopsis: Un homosexual y un activista político encerrados en una misma celda. Sus muchos días juntos harán que sus vidas se modifiquen, al tiempo que se refugian en argumentos de viejas películas vistas en libertad.

28/07
“Fresa y chocolate” (Cuba, 1993) de Tomás Gutiérrez Alea.

Sinopsis: La historia se centra en David, un estudiante universitario diligente, correcto pero homofóbico, para quien sus conceptos de lo que es bueno y lo que es malo se ponen en dilema al hacerse amigo de Diego, un artista homosexual.

4/08
“Madame Sata” (Brasil, 2002) de Karim Ainouz

Sinopsis: Film inspirado en las leyendas y mitos que crecieron en torno a la vida real del personaje Jao Francisco do Santos (1900-1976), también conocido como Madame Satá. La acción ocurre en los años 30, en Río de Janeiro, en el bohemio barrio de Lapa, justo cuando Joao Francisco está a punto de conseguir su sueño de convertirse en una gran estrella.

Casa por la Cultura y la Memoria Popular – Pasaje Orquídeas 767
Vanguardiaqueer.blogspot.com e-mail vangurdiaqueer@yahoo.com.ar

Sunday, June 18, 2006

Causación de la homosexalidad. Causación de la homofobia por Ricardo Quiroga

Sobre la etiología de una sexualidad no convencional hay varias teorías. Una teoría eterna casi sin fundamentos pero aun vigente es la teoría hormonal. Algunos creen , afirman y luchan por instituir que la homosexualidad es producto de una anomalía constitucional innata, probablemente vinculada con el mal funcionamiento de las glándulas sexuales. Esta teoría es no solo tomada por seudo científicos si no también por muchos de nuestro colectivo para liberase de la “responsabilidad” de ser diferente. En esto subyace el posicionamiento político e ideológico por parte de los que la sostienen, el “liberarse” el “no hacerse cargo” pone en descubierto lo internalizado sobre nuestra sexualidad. Queda muy claro que aquel que coloca las causas en lo instintivo, en lo innato, ha internalizado, ha incorporado juicios valorativos sobre parte de nuestra identidad. De esta manera emerge de nuestros compañeros categorías como antinatura, invertido, degenerado, enfermo, pecado, aberración, perverso; de esta manera se termina siendo funcional a lo instituido, a lo naturalizado, a si como también se renuncia a tomar a nuestros cuerpos y practicas como herramientas de lucha, para cambiar realidad concreta que nos oprime ideológicamente y corporalmente. Otras teorías con dispositivos similares son la hereditarias, y las teorías que sostienen que es cusa de anomalía biológica o física.
La teoría de la psiquiatría ortodoxa sostiene que la homosexualidad es resultado de la resolución fallida del complejo de Edipo y de Electra. Una teoría tan simplista como lineal.
La madre autoritaria o sobreprotectora, el padre débil, ausente que se desprecia. Las generalizaciones que resultan para muchos casos no se adecuan para otros tantos. Ninguna explicación causal determinada puede abarcar todos los casos.
Una teoría similar a la anterior pero mas dialéctica es que nuestra sexualidad es adquirida socialmente, aprehendida en interacción con el medio. Aquí es fundamental las primeras relaciones vinculares parentales dentro de los primeros cinco años de vida. Luego la sexualidad desde este periodo hasta la madurez sexual queda latente en donde también nuestro aparato psíquico resignifica nuevas experiencias no solo con nuestros padres y entorno inmediato y no con nuestros pares. Durante la adolescencia experimentamos concientes o inconscientemente experiencias no solo con sujetos del sexo biológico opuesto si no también experimentamos el homoerotismo. Otros experimentan por primera vez deseos homo en la edad madura.
Se visualiza que para cada caso las causas pueden o no coincidir; de esta forma la sexualidad (heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad) es aprehendida en un proceso inacabado y es producto de múltiples causas que no necesariamente serán comunes para todo el colectivo GLTTBI. En este recorrido sobre las causas de la homosexualidad , también se hizo referencias a los orígenes tanto dela bisexualidad como de la heterosexualidad, esto es producto que para quien escribe la bisexualidad y la homosexualidad, son tan validas, naturales y normales como lo es la heterosexualidad.
Solo preguntarse por las causas de las sexualidades divergentes es premisa generadora de cultivo homofobico. No es muy común preguntarse sobre los orígenes de la relación hombre – mujer , pues esta legitimada, naturalizada, inamovible. Pero lo diferente, lo amenazante como nuestra sexualidad si debe ser analizado y estudiado, reprimido para erradicarlo. Las instituciones y organizaciones que se encargan de esto tienen como fin seguir sosteniendo su lugar de privilegio económico y de poder. La iglesia, la familia y el estado se resisten en perder la pulseada que ponemos en juego aquellos que rompemos y cuestionamos lo establecido como “normal”. Estos sectores se encargan de instituir como amenaza nuestras practicas y deseos. Su lógica , su practica es a través de la descalificación y de la instauración de estereotipos sobrecargados negativamente, estos hechos reales van conformado matrices homofóbicas, van configurando la constitución del mundo interno. Al vivir en una cultura machista y homofóbica vamos incorporando y naturalizando de forma acritica simbolizaciones , significaciones y representaciones con fines claros, que califican lo diferente.
Como encontramos en el prologo de Fiestas, baños y exilios de Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli “homosexualidad y heterosexualidad son las tramas precarias de un deseo que ignora su propio nombre”(pag 13). Desde la configuración del mundo interno hay deseos que no puedo nombrar y clasificar, pero si hay una significación y valorización de es deseo que a pesar de no poder nombrarlo me es dañino pero no ajeno.
La homobobia esta presente en nuestra sociedad y la seguimos reproduciendo tanto heterosexuales, como las minorías sexuales. El termino homofobia hace referencia de una variedad de fenómenos que tienen en común su posición negativa respecto de la homosexualidad. “en realidad etimológicamente el término “homofobia” no solo es inexacto, si no contrario al sentido que se quiere expresar con él. Si el prefijo “homo” quiere decir “semejante” , literalmente homofobia es miedo irracional del semejante. Sin embargo, por comodidad fue adoptado este vocablo en lugar de homosexofobia y otras términos demasiado rebuscados.” ( Ana Lía Kornnblit ., Mario Pecheny, Jorge Vujosevich, Gays y lesbianas, pag 19) Pero tampoco me parece casual que literalmente homofobia signifique odio irracional al semejante, no podríamos afirmar , porque seria muy lineal que todo sujeto homofobico guarda en sí un homosexual latente pero es algo para tener en cuenta.
Hay diferentes conductas homofobas, el maltrato verbal , la descalificación que si duda alguna genera impacto y rasgos subjetivos. Ante ello tenemos que luchar para poder modificar tan dolorosa realidad, y conformar una identidad sana, basada en sujetos de derechos. Por otro lado tenemos la agresión física que en algunos casos llega hasta la muerte. En el agresor tenemos un cóctel, no podemos afirmar que todo sujeto homofobico ve en alguien del colectivo reflejada cierta parte de sí que le produce rechazo, va tener una conducta violenta. Recordemos que la conducta es multicuasal y sin duda violencia ejercida hacia cualquiera de nosotros no solo se encuentra un sujeto homofobo si no además un sujeto violento.
Hoy día esta instituido en Mendoza ciertos eslogan , entre ellos encontramos los siguientes:
-Sea macho coga una torta.
-Mutilemos y asesinemos a las trabas.
-Haga patria mate a un puto.
¿ cual es el camino para acabar con esto, si no tenemos garantizada nuestra seguridad?
¿La policía nos cuidara, si ella es la 1º en reprimirnos?
¿La iglesia nos ayudara, si es la 1º en condenarnos? ¿Pedimos justicia por los crímenes cuando la impunidad esta al orden del día? Son preguntas que tendríamos que empezar a debatir entre nosotros, mientras tanto pase el que sigue. Pareciera que con estos hechos concretos la sociedad mendocina necesita permanentemente reafirmar su identidad heterosexual siempre amenazada, que subyace en esto, ¿la hipocresía?,¿la doble vida?
No solo debemos limpiar la ciudad de limpiavidrios, malabaristas, niños mendigos y desocupados, sino además de putos y tortas que impregnan se su perfume horrendo la veredas relucientes de pulcra Mendoza.

Homofobia mendocina por Ricardo Quiroga

Desde nuestra infancia venimos construyendo una identidad en donde el discurso heterosexista instala desde los diferentes ámbitos que conformamos condena, marginación, impacto, muerte.
Mucho hemos soportado, esto solo es un ejemplo: antinatural, desviado/a, puto, marica, torta, marimacho, trabuco, viciosos / as, exhibicionistas, etc.
Sobre nuestras espaldas soportamos un estigma, según ellos un estigma que nos “merecemos”.Este estigma es la sanción que recae sobre nosotros por no cumplir con las expectativas sociales de una mayoría. Para la mayoría de heterosexuales , este maltrato es natural , ni se lo cuestionan, pero nosotros los toleramos desde el momento que abrimos los ojos , y vemos y transitamos una sociedad solo preparada para ellos, eso es doloroso, angustioso, es por eso que muchos viven desde la clandestinidad, la invisibilidad, desde la doble vida, pero por suerte hay otros tantos que rompemos con el mandato de lo que esta bien y lo que esta mal, y tratamos de vivir lo mas sanamente posible.
Los activistas que pertenecemos a las minorías sexuales, no pedimos tolerancia, por que de esta forma se coloca al hetero, en un plano superior, de poder. y que además, ¿les debo pedir permiso? Los activistas de la bandera multicolor venimos ocupar nuestro lugar, a pesar de lo que puede implicar esto. Estamos cansados del impacto subjetivo que sufrimos a diario por la condena de buena parte de esta sociedad nefasta y retrógrada. Cansados de la condena de la iglesia, de los moralistas, de las instituciones escolares o policiales o de nuestras propias familias. Estamos cansados de las muertes homófabas que sufre nuestro colectivo, muertes con ensañamiento, con perversión. Lo peor de todo que tanto heteros, y minorías hacemos la vista gorda, los casos no se esclarecen, el tiempo pasa y aparece otra muerte ¡ que pase el que sigue!
Muchos se peguntaran por que afirmo que gran parte de esta sociedad es nefasta y retrógrada. Y les cuento para los que están poco informados, solo algunos datos. La honorable cámara de diputados este año se dio el lujo de no aprobar la derogación del articulo 80 en donde solo por vestir nuestras compañeras travestis ropas del “genero contrario” están en infracción a la ley. Yo me pregunto ¿“genero contrario”? y si, solo se remiten la binariedad del genero, como si el genero que han construido no ha tenido su alto precio. El proyecto para el derecho al acceso a las obras sociales por parte de nuestras parejas esta cajoneado; ni hablar de unión civil.(proyectos reformistas y no revolucionarios)
Por otro lado sufrimos la persecución policial, y cuando somos interrogados por la policía para esclarecer algún caso somos tratados algunas veces como delincuentes, y debemos tolerar preguntas desde una posición que condena nuestra sexualidad, la cuestiona, y trata de reprimir, la promiscuidad es la bandera de estos sectores de derecha. Lo peor de todo que hasta en el interior de la izquierda hay actitudes homofóbicas.
En este último tiempo es impresionante la cantidad de cuerpos mutilados y asesinados en forma brutal que han aparecido en la provincia de Mendoza. Seria incansable ponerme a hacer una lista, lo peor es que sigue sucediendo. Antes de que se esclarezca el caso de un amigo ocurrido el 23 de noviembre del 2004, amigo de toda la comunidad y amigo y compañero de lucha de quien les habla, ya tenemos la muerte de una compañera travesti ferozmente asesinada.
Basta de silencio, basta de injusticia, solo nosotros tendremos la solución a nuestra cruel realidad. Rompamos con la discriminación, las sanciones, la marginalidad, con la incorporación de la idea homofóbica de la sexualidad como pecado.
Nuestra sexualidad es solo un aspecto de nuestra identidad, pero ese solo aspecto es suficiente para ser blanco de agresiones y muerte. No nos callemos mas, ayudemos a esclarecer los casos de nuestros amigos, conocidos y desconocidos, este va a ser el primer paso no solo para esclarecer los casos , si no también para que no nos pase a cualquiera de nosotros. Agrupémonos, sostengámonos entre nosotros, luchémosla, identifiquémonos como un grupo mas que vulnerable es esta sociedad mendocina.
La identificación no se forma individualmente, se necesita de un ida y vuelta, de un reconocerse, pero mucho mas necesario es que los otros me reconozcan. Por eso un elemento fundamental del proceso identitario es el contexto social que nos proporcionan los grupos de pertenencia de pares.
La solución está en nuestras manos, y yo quiero gritar
Con mi amigo recientemente asesinado, el Gordo, estábamos conformando una grupo “queer” por la lucha de nuestros derechos, hoy mas que nunca su sueño ,para algunos utópico, tiene que empezar a concretarse. El una vez me regalo la siguiente frase: “ El camino de los mas es fácil, tan fácil como penoso es el nuestro. Gracias por alivianar tamaña pena.” Aliviemos nuestras penas, seamos protagonistas, no nos silenciemos, seamos sujetos de cambios, es necesario que todos tomemos conciencia y modifiquemos nuestra realidad. Si queres revertir nuestra historia comunícate a: vanguardiaqueer@hotmail.com


Nota: este artículo fue publicado parcialmente en la sección Carta del lector del diario El Sol y Diario Uno en Diciembre de 2004.

Alarma: Dirección única por Ricardo Quiroga

“Es preciso cortar la mecha que arde antes que la chispa alcance la dinamita”, esta es una frase que nos dejo el filosofo Walter Benjamín, en uno de sus tantos escritos como crítica al progreso. La dinamita justamente no es la revolución, lo que en cualquier momento estalla es la sociedad íntegra en manos de la “evolución y el progreso”. La pregunta que deberíamos hacernos es si esperamos sentados en la puerta de nuestros hogares la bendita revolución mientras el enemigo continua venciendo o estamos atentos a los acontecimientos actuales para romper el orden actual que nos oprime ideológicamente, económicamente y corporalmente.
Ante todo Benjamin (1892-1940) es un crítico revolucionario de la filosofía del progreso, un adversario marxista del “progresismo”, su filosofía es una crítica moderna de la modernidad. También es importante acotar que en su primera tesis filosófica de la historia, cuando habla de un muñeco autómata de madera vestido a la turca, refiriéndose al “materialismo histórico” está realizando implícitamente una crítica a los voceros del marxismo de su época. Las comillas sugieren que ese muñeco autómata no es el verdadero materialismo histórico, sino aquellos que se hacen llamar así. Dentro de estos voceros tenemos la versión comunista y la social-demócrata. La primera se basa en un materialismo mecánico que percibe la historia como una especie de máquina que conduce de manera automática al triunfo del socialismo. Para este materialismo mecánico, el desarrollo de las fuerzas productivas, el progreso económico y las “leyes de la historia” llevaran a la crisis final del capitalismo y a la victoria del proletariado. La otra versión , la social-demócrata apunta a las reformas que transformaran la sociedad gradualmente.
La filosofía de Benjamin tiene un alcance universal. Cuando hablamos del punto de vista de los vencidos, no solo podemos aplicarlo a la historia de las clases oprimidas, sino también a más de la mitad de la humanidad: las mujeres, los judíos, los gitanos, los indios de las Américas, los kurdos, los negros, las minorías sexuales, en resumen a los parias. (personas excluidas de las “ventajas” que gozan las demás)
Dicho filósofo realiza un análisis de la historia articulando tres fuentes muy diferentes:
- El romanticismo alemán
- El mesianismo judío
- El marxismo.
Esta articulación se manifiesta por primera vez en el libro dirección única, escrito entre 1923 y 1926, en el cual encontramos, con el título de “alarma de incendio”, la premonición histórica de las amenazas del progreso:
“Si el derrocamiento de la burguesía por el proletariado no se cumple antes de un momento casi calculable de la evolución técnica y científica, todo se habrá perdido”.
La idea de una asociación entre teología y marxismo es una de las tesis de Benjamín que suscitaron mayor incomprensión y perplejidad. Ahora bien, algunas décadas después, lo que en el 1940 era sólo una intuición se convertiría en un fenómeno histórico de primerísima importancia: la teología de la liberación en América Latina. Autores como Gustavo Gutiérrez, Enrique Dussel entre otros inspirados en estas tesis produjeron un cuerpo teórico articulando de manera sistemática el marxismo y la teología, que contribuyó a cambiar la historia de América Latina. Los millones de cristianos inspirados por esta teología, presentes en las comunidades de bases o en las pastorales populares, cumplieron un papel capital en la revolución sandinista de Nicaragua (1979), el auge de la guerrilla en América Central (El Salvador, Guatemala)., la formación del nuevo movimiento obrero y campesino brasileño- el partido de los trabajadores (PT), el movimiento de campesinos Sin Tierra (MST)- y hasta la eclosión de las luchas indígenas en Chiapas. De hecho, la mayoría de los movimientos sociales y políticos rebeldes de América Latina en los últimos treinta años tienen que ver, en mayor o menor medida, con la teología de la liberación.
Tomaremos algunos conceptos de Benjamin para tratar de articularlos con la historia de los movimientos lésbicos-gays argentinos hasta nuestra actualidad.
Cuando realizamos un recorrido histórico de los movimientos lesbicos-gays nos remitimos a fines de los 60 , al frente de liberación homosexual gestado en nuestro país. El FLH fue unos de los pioneros en Latinoamérica de lucha en pos de los derechos de las minorías. Este Frente se conformó por intelectuales de izquierda que integraban diferentes agrupaciones críticas y sobre todo trotskistas. Otra fuente a la que nos remitimos es la que nos dejo Néstor Perlongher.
Muchos nos critican y creen que no sirve de nada mirar al pasado, que la historia no nos sirve de absolutamente nada, que perdemos nuestro valioso tiempo, a esto nosotros les respondemos que nuestra mirada no es una mirada nostálgica al pasado, que nuestro posicionamiento no es que “todo pasado fue mejor”, sino que nuestra mirada es una mirada nostálgica activa, que nuestro posicionamiento es estar ALERTA a los destellos que nos proporciona el pasado y aquellas acciones realizadas por nuestros compañeros; acciones truncadas por las consecutivas organizaciones y los Gays power que se subieron al tren del progreso.
El gay de aquellas épocas gloriosas era muy diferente al actual, aquel generalmente era pensante, con contenido y sus formas no importaban, podía ser masculino como femenino. Podían no ser conciente de que sus actos eran revolucionarios en sí, solo con su existir rompían con en el orden reinante que se pretendía imponer. Los que si eran concientes de sus conductas revolucionarias tenían un aderezo: “la ideología”.
Por un lado tenían conciencia de que sus prácticas iban en contra del patriarcado y del rol que debía cumplir el hombre en la sociedad y además sospechaban del concepto “revolucionario” del hombre nuevo. Por otro lado a pesar de desconfiar de prospecto del hombre nuevo no dejaban de lado la lucha de clases. Aquellos en su mayoría provenían de un clase bastante acomodada, contenían un nivel intelectual favorecido por ella., pero a pesar de ello fueron fieles a sus deseos y a la ideología que fueron construyendo.
Entrando ya en los 80 empezó a tomar peso los escritos políticos y sociológicos de nuestra poeta Rosa Luxemburgo (N. Perlomgher) pero a su vez comienzan a conformarse los movimientos que no estarían pendiente de los destellos que nos dejaban nuestros compañeros setentistas. La lucha de clase dejo de ser bandera de lucha, los derechos conseguidos serian netamente burgueses, ¡”arriba la unión civil” !, unión burguesa que da más fuerza a la propiedad privada; se consiguió de esta forma subir al tren del progreso. Los derechos de las compañeras travestis arrojadas al la situación de trabajo sexual no interesa, al igual que los de muchos gays de condiciones económicas adversas que no tienen como muchos Argentinos acceso a un trabajo digno, así como tampoco a la educación y a la salud. Esto puede catalogarse de pesimismo, pero es un pesimismo revolucionario que no tiene que ver con la resignación fatalista, sino es un pesimismo que está al servicio de la emancipación de las clases, sectores y Ghetos oprimidos. Si hablamos de proyectos enmancipatorios en la actualidad tenemos miles de personas gays y no gays que luchan para interrumpir la evolución que nos lleva a la catástrofe. Hoy en Argentina es verdad que hay organizaciones oficialistas y funcionales al sistema, pero a la vez hay otras tantas que resisten, se oponen y luchan contra el actual gobierno que agudiza la exclusión y marginación social. El presidente Néstor Kirchner acaba de autorizar el pago de la deuda externa con el pretexto propiciar un país con autodeterminación, el pago de ésta deuda ilegitima y fraudulenta se realizara con parte de las reservas del tesoro nacional y con la emisión de un bono que compró el ANSES al gobierno , por estar este ultimo aún en defauld. Dentro de las agrupaciones que están en contra del gobierno de turno por sus políticas de miseria, se encuentran militantes del nuestra comunidad, los mismos que realizan hace un par de años la contra marcha del orgullo gay, lésbico, transexual, travestí, bisexual e intersex. La contra marcha esta conformada entre tantos por la trilogía A.L.I.T.T, FULANAS y El Área de Estudios Queer, que con sus similitudes y diferencias tienen mucho que gritar. Estas diferentes agrupaciones sostienen que no hay nada que festejar, teniendo en cuenta la realidad social consecuencia del largo proceso de empobrecimiento en el que estamos insertos gracias a nuestros anteriores y actuales representantes. Según el grado crítico de cada agrupación otro motivo de la contra marcha es la crítica activa a la dirigencia de las agrupaciones gays, dirigencia genuflexa, burguesa y parasitaria.
ALARMA : se observa humo que más que gris tiene tiente multicolor, AVISO DE INCENDIO, ALERTA: cortemos la mecha o todo se habrá perdido.
Rompamos con la automarginación recurrente de los movimientos gays en Argentina, articulemos nuestra lucha con la de otros movimientos, eso si instalando parte de nuestra realidad para que no nos comamos el buzón del actual hombre nuevo. Además a esto debemos sumarle el retrabajo ideológico porque al transitar en esta sociedad capitalista hemos incorporado matices conservadores, posmodernos entre otros. Lo ideológico tiene que estar presente, no olvidemos que Benjamin no concibe la revolución como resultado “natural” o “inevitable” del progreso económico y técnico (o de la “contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción”). Contrariamente al marxismo evolucionista vulgar Benjamin sostiene que la revolución se debe instalar articulando las condiciones materiales existentes con lo subjetivo, la revolución, compañeros, vendrá de la mano del Mesías. Solo cabe preguntarse cual es nuestra concepción de Mesías, aquella que habla de un dios todo poderoso ubicado a la “derecha” de los oprimidos o en realidad el Mesías habla de nuestros cuerpos, nuestros hombros radicales unidos para cortar la mecha de esta maldita dinamita.
El Mesías somos nosotros, los que luchamos a diario para revertir todo tipo de desigualdades que nos arroja un estado compuesto por instituciones burguesas, instituciones que nos observan bajo lupa y que nos “obligan” al deber ser. Las instituciones: escuela, familia, justicia bendecida por la jerarquía de la iglesia católica, así como también el sistema en donde estamos insertos, son el gran enemigo. Ellos continúan venciendo, pero a la vez otros tantos continuamos resistiendo a las imposición que se nos somete. Debemos dejar de ser víctimas pasivas para devenir en víctimas activas, sujetos y sujetas demandantes. La redención mesiánica y revolucionaria es una misión que nos asignan las generaciones pasadas, hay que consumar el combate enmancipatorio.
Debemos mirar nuestro pasado y no se trata de un sentimiento contemplativo sino de un pesimismo activo, organizado, práctico íntegramente volcado al objetivo de impedir por todos los medios posibles el advenimiento de lo peor. Nos corresponde realizar un salto dialéctico, fuera del continuun, en primer lugar hacia el pasado y luego hacia el futuro. El salto del tigre hacia el pasado consiste en salvar la herencia de los oprimidos inspirarse en ellas y volver a saltar hacia delante con el material explosivo, subversivo rescatado del pasado para hacer estallar el continuun de la historia. La receta de felicidad solo esta en los aires libertarios que hemos respirado.
Mientras se olviden los sufrimientos de un solo compañero o compañera no puede haber liberación.
No debemos olvidar los compañeros asesinados solo por el hecho de ser diferentes, debemos estar atentos a sus prácticas revolucionarias, debemos estar juntos a aquellos y aquellas que están doblemente oprimidos por su color de piel, religión, sexo, género y deseo. La lucha de clases es la contradicción principal pero no es la única contradicción.
Debemos estar pendientes de los destellos de nuestros compañeros muertos en batalla; cada intento enmancipatorio por humilde y “pequeño” que halla sido, quedará a salvo del olvido y será “citado en la orden del día”, solo si es honrado y rememorado a través de la lucha.
“Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “tal como fue en concreto”, sino adueñarse de un recuerdo semejante al que brilla en un instante de peligro.” (tesis VI).
Hoy estamos en peligro, hoy cuando una gran mayoría, festeja la unión civil, como un logro importantísimo, como un punto crucial de conquista del colectivo GLTTBI y se olvida de la profundidad de la verdadera opresión, se nos coloca en segunda clase del tren del progreso. La miseria, el olvido, la marginalidad y la muerte es el costo del boleto del tren lineal que nos llevara al “paraíso”. Hay que despreciar a “los que nadan y se ahogan en el río del devenir y se dedican a la admiración descarnada del éxito”, nuestro trabajo es nadar contra las olas de la historia, hoy no debemos festejar absolutamente nada, hoy el festejo del orgullo GLTTBI se ha frivolizado y mercantilizado, la marcha debe devenir en contramarcha, hay que pasar el cepillo a contrapelo, para bosquejar o esbozar aquello que no nos ha sido trasmitido de las generaciones pasadas. Solo se nos muestra lo que legitima los derechos de algunos privilegiados, a costa del más rotundo olvido y entierro de las genuinas luchas. Los festejos culturales organizados por le estado, la iglesia o la iniciativa privada llámese marcha del orgullo, vendimia gay etc, son magníficos ejemplos de empatía con los vencedores, entonces ¿Por qué identificarse y sumarse a tan acriticos acontecimientos?
Benjamin encuentra una prefiguración lúdica, y hasta grotesca, en ciertas fiestas populares como el carnaval. Coincide con Bajtin, que mirando pasar el corso escribe: “ El carnaval es un estado de excepción. Un derivado de las antiguas saturnales, en oportunidad de las cuales lo alto y lo bajo se intercambian de lugares y los esclavos se hacían servir por sus amos.” Estas fiestas populares eran oportunidad de expresión del verdadero deseo del los sujetos oprimidos; si hacemos un poco de memoria podemos recordar los corsos que hasta hace un tiempo se realizaban en la boca y en otros lugares del conurbano bonaerense, donde aquellas personas que deseaban construir un género opuesto al de su sexo biológico aprovechaban esa oportunidad como destello de felicidad; ¡ desde el paraíso soplaba una tempestad de aires libertarios, muy diferente a esa tempestad que llamamos progreso!
El carnaval, el corso son los momentos de alegría, baile y desenfreno, son la historia de la celebración popular que fusiona lo místico con lo pagano. Una fórmula de desahogo social que no se rinde. Este desenfreno es necesario para quitarse de encima por un rato las leyes de la buena convivencia que rigen la sociedad, es la burla a las autoridades eclesiásticas y terrenales, es la posibilidad donde reina al revés, donde el esclavo es amo. El carnaval invita a despojarse de normas, a jugar con el vecino, es la terapia del oprimido. El carnaval fue tapado, ignorado, prohibido durante mucho tiempo en nuestro país, esto no nos parece casual. Desde hace no mucho tiempo esta fiesta popular esta resurgiendo desde las cenizas, solo hay que saber darle un contenido ideológico para que sea un verdadero psicodrama popular, una verdadera socialización de los núcleos angustiantes. Hay que llenar este momento de un tiempo pleno y actual, de un tiempo-ahora, que nos posibilite un corte a las categorizaciones que nos obligan a obedecer. En este tiempo-ahora podemos burlarnos de la muerte, del poder y sacar el personaje “oculto”. Es una posibilidad lúdica para romper con la subordinación de género, donde los hombres pueden disfrazarse de mujer y viceversa, rompiendo con la continuidad sexo biológico, género y deseo. El corso y el carnaval nos invita a despojarnos de normas y principios, de soltar la energía contenida, de jugar con el primo y el amigo. Pero hoy día la fiesta por excelencia dentro de la comunidad es la fiesta del orgullo gay, lésbico, travesti, transexual, bisexual e intersex, hoy nuestro objeto de idolatracíon , nuestro objeto fetiche son las seudos conquistas a manos de nuestros “representantes” lésbicos-gays que lo único que representan son sus propios intereses y los intereses de las discos que lucran con nuestro deseo. Nada corrompió mas a nuestras organizaciones que la convicción de nadar en el sentido de la corriente. Las celebraciones acríticas son nuestra perdición, son nuestra renuncia a la posibilidad de cambio y liberación. Nada parece más irrisorio que el optimismo de la C.H.A y S.I.G.L.A cuyo programa político no es sino “un mal poema de primavera” , el optimismo y oportunismo “sin conciencia” esta inspirado por la ideología del progreso lineal que solo nos lleva a la catástrofe y a la barbarie. Esta carencia de conciencia solo nos lleva a la carencia cultural que nos despoja de los legados libertarios de nuestros muertos. Por lo tanto no hay nada que festejar, la imagen de la felicidad es inseparable de la imagen libertaria, y la liberación mesiánica que nos proveerá la redención todavía no ha llegado. Benjamin no predica el odio a los individuos sino hacia un sistema, un sistema que toma fuerza por las instituciones que todavía siguen en pie, por los individuos que a la vez le dan cuerpo.
No debemos odiar a aquellos individuos con una ideología desclaseada y posicionada en sus intereses personales, estos individuos son los que sostienen y “luchan” por avances y conquistas que nos posicionaran en igualdad en cualquier instante. “Nada choca más con la idea de progreso que la posibilidad de la “meta ideal”,pueda y deba, acaso, realizarse en el instante que viene, e incluso en este instante”. Estos personajes no deben ser odiados y despreciados pero si su ideología. O acaso entramos en el bolsillo de las organizaciones GLTTBI como muchas de las organizaciones de izquierda y sociales entraron en el bolsillo de nuestro presidente Néstor Kirchner. ¿Compartimos también que el enemigo ya no esta en la casa rosada? ¿Renunciaremos a la exigencia moral combativa para la supresión de los sistemas sociales injustos e inhumanos que continúan sin mínima modificación?¿Van a dejarnos bordar de pájaros las banderas rojas de la libertad?
La lucha no debe cesar, la marginación, la desigualdad, la discriminación continúan a la orden del día, la homofobia
continua vivita y coleando. En nuestra próxima vendimia continuemos cosechando los frutos benditos de esta sociedad hipócrita y conservadora; vallamos a festejar todos juntos a la vendimia gay, vendimia que nisiquiera se llama vendimia GLTTBI, y menos vendimia queer; por supuesto si esta sociedad y nuestra comunidad GLTTBI nos obliga a definirnos como hombre o como mujer, como heterosexual u homosexual, la categoría queer, categoría extraña, rara sin definición y con un componente ideológico no es pertinente para ellos y ellas. ¡Que se continúen eligiendo reinas!, no importa si luego con sus coronas sean “demoradas” por las fuerzas policiales por llevar ropas del “sexo contrario” abalados por el articulo 80. No importa que éste festejo este en manos de los que lucran con lo “diferente”, tampoco que no nos garantizan un espacio seguro desde el momento que la “seguridad” esta a manos de la maldita y homofóbica policía mendocina. La vendimia gay privada debe devenir en vendimia queer pública entra tantas cosas. “Estamos aquí acostúmbrense” o acaso debemos pedir permiso. El deseo, el cuerpo y la mente no deben pedir permiso. Las imposiciones sociales y culturales penetran nuestras sábanas, la revolución empieza por casa, si hablamos de un Mesías revolucionario lo que primero que debemos revolucionar es el cuerpo y el deseo. Luego de este primer paso costoso para muchos, debemos poner en debate lo privado en público, ganar espacios junto a otras organizaciones que están pendientes del relámpago de cambio.
La lucha no debe cesar , nuestro don es encender en el pasado la chispa de la esperanza. Nuestras guías, nuestros
muertos no estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.
Una manera de instrumentarnos para el combate es rescatar la memoria del frente de liberación homosexual. A través de la memoria es posible recuperar otras dimensiones de la historia, mostrar otros rostros y desmentir la inexorabilidad del progreso continuo, que coloniza el pasado y hace del futuro la repetición de lo mismo. Hay que reactualizar permanentemente la tradición, impedir el conformismo que se disfraza de novedad. Si quedamos conformes con la unión civil, la obra social para nuestras parejas, puntos “importantísimos” que nos llevaran a la posibilidad de la adopción , las “megas” discos, la bendita tolerancia; estamos perdidos. ¿Hoy el FLH lucharía por estas seudos conquistas?
Hay que reconstruir la historia del FLH, porque la historia que conocemos es el relato del pasado producida por los vencedores de ayer y por sus herederos: la clase dominante y las privilegiadas, esta última solo con ansias de escalar, cortar las cabezas; porque su fin último solo es ubicarse, trepar, pisotear y no la lucha legitima de las minorías.
El “tiempo Mesiánico” es el que nos proporcionará la explosión tanta basura social-demócrata, y utilizando el poder de la memoria revolucionaria del FLH como una cámara “Histórica de tiempo retardado” , articulado con el posicionamiento de los actores de la contramarcha podremos producir un “tiempo lleno con presencia del ahora”.
No es nuestra intención canonizar la historia y tradición del frente de liberación homosexual sino convocarla en una nueva escena de combate.

Bibliografía:
Lowy, Michael, Aviso de Incendio: Romanticismo, mesianismo y marxismo en la filosofía de la historia de W. Benjamin
Nadal, Estela Fernández. La concepción de la historia de Walter Benjamin. (UNC).
Carnaval la fiesta inolvidable. En: Poder y sociedad, Nº 41, 18 de febrero del 2006.

Sexo y revolución por el Frente de Liberación Homosexual Argetino 1973 - 1974

Introducción por Enrique Asís
Dados los profundos cambios y transformaciones que se han estado realizando a nivel planetario y que han generado incertidumbre en muchos de los modelos ideológicos tradicionales, resulta interesante releer algunos conceptos que se mencionan en el documento que a continuación se presenta. Entre ellos está el de la profunda vinculación que existe entre lo sexual y lo político, a diferencia de la genitalización que algunas corrientes dentro del movimiento lésbico- homosexual han promovido durante muchos años y que ha impedido ver el carácter político de la sexualidad. Otro de los conceptos es la importancia de la participación lésbica-homosexual dentro de los procesos de transformación social, no sólo como parte activa, sino en cuanto a las contribuciones ideológicas sexopolíticas que podemos aportar a ellos. También es interesante notar que en los inicios del movimiento lésbico-homosexual todavía no se concebía la lucha política al interior de éste, que ahora es tan visibles entre las tendencias o corrientes más conservadoras y derechistas, con proyectos asimilacioncitas, y las corrientes más liberales, progresistas o de izquierda.

Sexo y revolución Por el Frente de Liberación Homosexual Argentino 1973 – 1974.

El 1° de Noviembre de 1968, en Argentina, durante la dictadura militar anterior (1966-1973), en una casa de inmigrantes de un suburbio de Buenos Aires, un grupo de homosexuales trabajadores y de clase media baja, en su mayoría de extracción gremial, liderados por un comunista expulsado del partido por ser homosexual, forman Nuestro Mundo, el primer grupo homosexual sexopolítico de América del Sur, que trabaja en la clandestinidad. En Agosto de 1971, Nuestro Mundo se relaciona con intelectuales de clase media y, manteniendo su autonomía, dan origen al Frente de Liberación Homosexual (FLH). En 1972, se derrumba la dictadura en Argentina y es el momento de apogeo y esplendor del Frente (FLH), el cual saca su primer Boletín. Participan en el Frente diez grupos autónomos, incluyendo varios de ciudades del interior de Argentina. Dichos grupos son: Nuestro Mundo (sindicalista), Safo (de lesbianas), Eros (de universitarios), Bandera Negra (anarquista), Emanuelle, así como profesionales y católicos homosexuales argentinos. En 1973, con el retorno de la democracia en Argentina, se publica y difunde el escrito Sexo y Revolución, generando un gran debate en los grupos y en la izquierda. Asimismo, se publica Somos, órgano oficial del FLH y primera revista homosexual de América Latina, de la cual se logran producir ocho ejemplares, el último en enero de 1976, dos meses antes del golpe de estado y de la nueva dictadura militar (1976-1983). A partir de entonces, la dictadura secuestra, desaparece y asesina a miles de argentinos, entre ellos a militantes homosexuales, aniquilando de esta forma toda posibilidad de continuidad del movimiento. La publicación editada de Sexo y Revolución en este sexto número de Voz y Fuego desea ser un homenaje y una contribución para valorar y difundir, para enseñar y aprender, los datos de NUESTRA HISTORIA, es decir, la de laslesbianas y los hombres homosexuales latinos, del Sur de América Latina. Debemos comenzar preguntándonos qué factores inherentes al ser humano como especie crean, mantienen y perpetúan el origen de la dominación. Porque si no tuviéramos en claro esos factores, nos resultaría imposible explicar por qué los seres humanos aceptan e incluso defienden la opresión a la que se los somete, que les quita desde su salud física hasta su libertad. Siendo la característica del sistema de producción capitalista la producción para el beneficio de una clase dominante, es interés de esa clase el establecimiento lapidario de la dominación sobre el resto de los seres humanos. De este modo, los individuos son moldeados para ser dominados y/o para dominar, y esto se realiza a través de especificas y poderosos mecanismos sicológicos, mecanismos que en último término acaban sosteniendo y perpetuando ese orden de la dominación. Lo importante es entonces discernir los vínculos existentes entre la estructura de la explotación (extracción de plusvalía) y la ideología cotidiana que envuelve cada uno de esos actos, por mínimos que sean, de los individuos. Pues (y esto es necesario recalcarlo una vez más), en tanto que el sentido, el propósito y el eje del sistema de dominación es asegurar la explotación de la fuerza de trabajo en beneficio de una clase, todos los actos de todos los individuos están dirigidos hacia ese fin supremo. Ningún área del comportamiento individual puede escapar a esta sobredeterminación, pues entonces el individuo quedaría libre para poner en tela de juicio el sistema de dominación. Es por ello que todos los actos privados y todos los actos comunales de todos los individuos resultan ser actos que cumplen una función política. Todo ser humano enfrenta, desde su nacimiento, a un grupo primario: la familia. ¿Qué significa la familia? A un ser como el humano, cuyo período de aprendizaje (infancia) es el más prolongado de la escala biológica, le es necesaria una agencia social específicamente encargada de orientarlo, ayudarlo y mantenerlo en ese proceso. Esto significa que la familia es una fábrica de seres humanos sociales. Ahora bien, en la medida en que un grupo social basado en la explotación necesita gente preadaptada para entrar en el proceso de producción alienada, la familia, sustentadora, debe convertirse en una agencia de-formadora. Se trata de una microsociedad que reproduce en almácigo el sistema que la nutre. La gastada afirmación de que "la familia es la base de la sociedad" adquiere plena validez: lo es porque reproduce todas sus características y porque es la agencia de producción de seres humanos condicionados al sistema. En la familia standard hay un detentar del poder, el macho, que, en la medida en que maneja el poder económico en la familia y el poder político en la sociedad, maneja por derecho propio el sistema de relaciones familiares y su extensión, las relaciones sociales. El objeto de su dominación es, en primer lugar, la mujer; y en segundo lugar, los hijos, que son el producto-mercancía de la fábrica familiar. El sentido último de la familia es producir seres que reemplacen a sus progenitores en sus tareas, inculcándoles antes los mecanismos de la dominación para que las realicen sin protesta. De tal manera se verifica y asegura en este nivel, al igual que en las demás escalas de la vida social, la dicotomía opresores/oprimidos. Esta dominación no es sólo una cuestión teórica abstracta, sino que, como dijimos, preside todos los actos cotidianos. Se revela en esencia en el poder sexual del macho sobre la hembra en el coito. El coito deviene una institución estructurada culturalmente para la satisfacción del varón, que detenta toda la iniciativa, y que posee el derecho legítimo a gozar. Esta dominación en el coitoes en última instancia, en el terreno ideológico, la manifestación objetiva de la dominación de la mujer por el varón en la vida cotidiana. Así la mujer deviene un objeto de placer y de re-producción. Es necesario remarcar que el sistema le impone la obligación de realizar las tareas del hogar sin darle derecho a ninguna remuneración, lo cual desenmascara su verdadera situación: la esclavitud doméstica. La inserción de las mujeres al aparato productivo minó relativamente la autoridad del macho e inspiró exigencias a las mujeres. Sin embargo, las conquistas logradas por las mujeres no consiguieron alterar—hasta el momento—la esencia del sistema de dominación machista. De hecho, los varones siguen manejando los resortes básicos del proceso de producción, y continúan jugando el papel Protagonizo en el sexo. El núcleo de la opresión de la mujer, sigue, pues, intacto. Esta pareja de dominación, en la que la nueva igualdad es un "bluff", se reproduce, tiene hijos, y se forma para ello. Los hijos son los objetos de la dominación paternal. El padre, que controla los ingresos, posee concomitantemente el poder de emitir órdenes inapelables, abonado por la falazideología de que el niño es un incapaz crónico sin poder ni derecho de elegir sus actos. Es un objeto de posesión de sus padres, situación sancionada por el concepto jurídico de patria potestad. La sexualidad infantil está negada explícitamente por la ideología del sistema; en tanto que, sin embargo, ella existe objetivamente, esta negación funciona en la práctica como una mutilación. ¿Cómo es realmente la sexualidad infantil? La sexualidad infantil muestra la variedad de impulsos de todo tipo y objeto que conforman la libido humana, y en este sentido, es el rostro más auténtico de la vida. Lo real es que en la sexualidad, en la multiplicidad y riqueza de sus potencialidades está inscripto el primer atisbo de libertad que encontramos en la naturaleza, y es este enorme caudal de energía potencial de la libido lo que debe ser desviado hacia la meta social del trabajo enajenado. La castración de la sexualidad tiene como objetivo introducir la dominación característica del sistema en la mente misma, en su intimidad, a fin de "ablandar" al ser humano en campo fértil para la ideología del sistema y para el trabajo enajenado. Un ser humano que hace objeto de dominación a sus impulsos sexuales, no se extrañará de encontrar reprimidos y dominados en el mundo social; un ser humano que hace objeto de dominación a sus impulsos sexuales, está preparado para adoptar sin extrañeza el papel de dominador y/o dominado. En el sistema de castas, los varones son educados en la dominación, y las mujeres en la sumisión. El individuo internaliza los mismos roles que encuentra en la familia: será el padre opresor si es macho, o la madre sumisa si es hembra. La figura autoritaria del padre es reproducida luego en la figura del policía, del patrón, del Estado, sostenedoras del sistema ante las que los individuos se inclinarán como ante el padre. Así, el esquema de dominación es traspasado fielmente al individuo a través de la familia. En el sistema de clases, cada cual recibe el entrenamiento según el sitio que le está predestinado. El hijo de burgueses es educado para mandar al proletariado y para obedecer a su vez a sus superiores jerárquicos. El hijo del proletario es educado para ser obrero, o sea, para obedecer al patrón—o eventualmente para intentar ser a su vez patrón— La dominación de la libido (la sexualidad) culmina con su reducción a determinadas partes del cuerpo, los genitales. En realidad, todo el cuerpo es capaz de aportar al goce sexual, pero la sociedad de dominación necesita de la mayor cantidad de zonas del cuerpo posibles para adscribirlas al trabajo. La genitalización está destinada a quitar al cuerpo su función de reproductor de placer para convertirlo en instrumento de producción alienada, dejando a la sexualidad sólo lo indispensable para la reproducción. Es por eso que el sistema condena con especial severidad todas las formas de actividad sexual que no sean la introducción del pene en la vagina, llamándolas "perversiones", desviaciones patológicas, etc. Para encadenar el ser humano al trabajo alienado es necesariomutilarlo reduciendo su sexualidad a los genitales. Debemos recordar que estos procesos se dan dentro de un marco socio-económico específico caracterizado por la explotación. Las clases dominantes realizan un manejo muy particular de un proceso universal inherente al ser humano como especie: el libre desarrollo de la energía sexual y sus fines. Las clases dominantes conforman y estatuyen el proceso de socialización en vistas a su objetivo, la producción enajenada, convirtiéndolo en un proceso de transformación de la energía sexual libre en trabajo alienado. Este esquema sexual ha perdido su característica rigidez del siglo anterior, y ello no es casual. A medida que el capitalismo se desgasta, a causa de sus propias contradicciones internas, van revelándose sus bases de miseria económica y sexual. Pero en la medida en que estas necesidades de libertad no son integradas a un planteo revolucionario explícito, es el mismo sistema el único que les da respuesta, manteniendo las mismas bases de la opresión sexual pero brindando satisfacciones ilusorias o sustitutivas. Así, por ejemplo, como respuesta a estas exigencias, el sistema produce y apaña una floreciente industria de la pornografía, que transforma al sujeto en espectador de sus propias fantasías sexuales, en lugar de convertirse en alegre actor de las mismas. ¿A quién beneficia la preservación de las pautas morales tradicionales? A las clases dominantes, las que aseguran así que los individuos sometidos a su imperio sufrirán un proceso de socialización (la "educación") destina do a proporcionarles servidores dóciles en forma continuada. Pero esta no es la totalidad del sistema de opresión machista. Aquellos individuos que no cumplen con el rol sexual establecido, los homosexuales, son vividos como un máximo peligro por este sistema, en tanto que no sólo lo desafían, sino que desmienten sus pretensiones de identificarse con el orden de la Naturaleza. La desexualización del cuerpo humano es obra de la cultura. En el caso del varón, ella multa el coito anal pasivo, la utilización del ano como zona sexual a pesar de que éste está rodeado de terminaciones nerviosas eróticas. También están fuertemente censuradas las tetillas masculinas, a pesar de ser áreas erógenas, por sus sola semejanza a la anatomía femenina. Pero esto importa aplicar categorías teológicas a la sexualidad humana, y es en tal intento donde debemos ver la enfermedad de la cultura. Si el sexo tiene alguna función es la de unir a los seres humanos en formas constantemente renovadas y creativas. Lo contrario significa reducir al sexo a una sola de sus posibilidades—la reproducción. Es por eso que la cultura machista necesita calificar a los homosexuales de "degenerados", "enfermos", "anormales", "delincuentes". En realidad, los homosexuales reivindican, de hecho, las posibilidades plásticas inherentes a la libido humana, que el sistema de dominación sexista se empeña en mutilar. Es el proceso de socialización alienado el que introduce la separación entre lo bueno y lo malo, la culpa y la mala conciencia. Esta desigual repartición de poder sexual en favor de los varones heterosexuales se refleja en una poderosa ideología (internalizada compulsivamente por los miembros de nuestra sociedad): quienes violan sus leyes—algunas escritas y otras no, pero totalmente efectivas y vigentes—no reciben sólo una sanción moral, que sería la culpa, sino que son penados a través del propio aparato represivo del Estado. Los homosexuales son los chivos emisarios de la represión sexual, sobre los cuales recaen los castigos más severos e inmediatos. El Frente de Liberación Homosexual considera llegado el momento histórico de proponer y comenzar a realizar una revolución que, simultáneamente con las bases económicas y políticas del sistema, liquide sus bases ideológicas sexistas, teniendo en cuenta que, de lo contrario, el sistema de opresión se reproducirá automáticamente después de un proceso revolucionario que sólo altere las esferas política y económica. Nuestro Movimiento surge como una organización de homosexuales de ambos sexos que no están dispuestos a seguir soportando una situación de marginación y persecución por el solo hecho de ejercer una de las formas de la sexualidad. Como hemos pretendido demostrar, esta persecución tiene una raíz netamente política. El sexo mismo es una cuestión política. En esa medida, la liberación que postulamos no puede tener lugar dentro de un sistema económico de dominación, tal como lo es el capitalismo dependiente argentino.Pero partiendo de nuestra propia marginación, cuestionando desde allá a la sociedad sexista, llegamos a un cuestionamiento global de la sociedad. Los homosexuales somos un sector del pueblo que padece una forma de represión discriminada y específica originada en los intereses mismos del sistema, e internalizado por la mayoría de la población, incluso por algunos sectores pretendidamente revolucionarios. En ese sentido, permanecen intactas muchas de las formas del prejuicio antihomosexual, disfrazadas a veces de criticas políticas. Por ejemplo, se plantea a título de objeción que la homosexualidad es un producto del capitalismo decadente. Sin embargo, sociedades ni capitalistas ni decadentes, como la incaica la practicaron y alabaron. Hemos visto ya, además, que la libido humana original no desdeña ninguna de sus posibilidades. Detrás de ese planteo se oculta la incapacidad para formular un orden nuevo, una cotidianeidad verdaderamente revolucionaria. Otra objeción es que el F.L.H. es un movimiento sectario, en tanto que no se integra a los movimientos de liberación política. La razón es muy simple: a nosotros, como a todos los marginados, no nos va a defender nadie, salvo nosotros mismos. En realidad, el argumento es falaz: en los hechos quienes nos marginan son ellos. Algunos planteos tienden a considerar como contradictorio el hecho de que mientras postulemos la liberación sexual, nos organicemos como un grupo de homosexuales. Hacerlo de otro modo significaba disolver nuestra opresión específica, olvidando que sobre nosotros pesa una condena explícita. Los oprimidos específicamente por el sexismo en el seno de esta sociedad capitalista somos los homosexuales y las mujeres; y los varones heterosexuales adquieren objetivamente, socialmente hablando, el carácter de grupo opresor. Por supuesto, este carácter de opresores no es elegido libremente por ellos sino que les es culturalmente impuesto por la sociedad de dominación. Existe un evidente desfasaje entre la política como actividad externa, social, y la política como actividad privada, individual, interna. La ideología no es sólo una superestructura intelectual montada sobre las bases afectivas del ser humano, sino que esas bases afectivas están estructuradas en un sentido político desde la cuna por la sociedad en que el individuo nace. La política es algo que se ejerce en todos los momentos de la vida cotidiana y que se trasluce en todas nuestras elecciones, por ínfimas que sean. También por ende el cuestionamiento revolucionario de la sociedad de dominación debe extenderse a todas sus esferas de actividad. Una praxis revolucionaria que no ponga en tela de juicio la moral burguesa, la está aceptando objetivamente y perpetra por un lado lo que pretende destruir por el otro. La desintegración de la vida privada y la acción política posibilita además que muchas personas, después de largos períodos de militancia, sean recapturadas por la burguesía a través de la formación de una familia, de la construcción de un hogar y de la crianza de los hijos. El F.L.H. es una organización no verticalista ni centralista de homosexuales—en la que también pueden participar los heterosexuales que renuncien a sus privilegios—que se ha abocado a la tarea de integrar las reivindicaciones específicas del sector homosexual al proceso revolucionario global. Es un movimiento anticapitalista, antiimperialista y antiautoritario, cuya contribución pretende ser el rescate para la liberación de una de las áreas a través de la cual se posibilita y sostiene la dominación de la mujer y el hombre por el hombre, en el convencimiento de que ninguna revolución es completa, y por lo tanto, exitosa, si no subvierte la estructura ideológica íntimamente internalizada por los miembros de la sociedad de dominación. Somos conscientes que el sistema maneja amplios sectores del pueblo valiéndose de la moral, o sea, de mentiras interesadas. Somos conscientes de que el pueblo mismo abandonará sus prejuicios, que constituyen una traba concreta para el desarrollo revolucionario, en la medida que nosotros, los homosexuales, formemos parte activa y militante de una lucha que es también nuestra. Llamamos a los homosexuales, a las mujeres, a los verdaderos revolucionarios a realizar el esfuerzo que supone cuestionar las pautas originadas en el sistema de explotación, a fin de recuperarnos a nosotros mismos como actores eficientes de una revolución sin retrocesos.

La matriz heterosexual por Ricardo Quiroga

Nacemos en una sociedad que tiene determinadas sus relaciones sociales, sus relaciones de producción y de poder, las cuales están jerarquizadas. Aquellos que nos decimos de izquierda o pretendemos serlo, estamos acostumbrados a la critica, a la acción en pos de revertir esta sociedad desigual en donde no todos gozamos de los mismos derechos. Las personas excluidas de las “ventajas” que gozan el resto, además de luchar por una sociedad más justa tenemos que modificar las matrices arraigadas que hemos incorporado. La lucha del proletariado, de los oprimidos, de los sometidos no debe dejar de lado la lucha para debilitar toda estructura de poder.
Todo cuerpo social esta atravesado por relaciones de poder que hay que llevar a un nivel microscópico. Esas relaciones se expresan a menudo a través de discursos que deben vigilar e investigar y en algunos casos inclusive castigar. Estamos acostumbrados al discurso moral de la burguesía capitalista, al de la iglesia, la medicina y la policía entre otros, pero no debemos desatender sobre todo cuando este discurso homogéneo, binario se materializa en la familia. La familia es la sostenedora, la mediadora entre sociedad individuo. Lo macro se sostiene desde lo micro. La relación opresor-oprimido que mantiene la sociedad capitalista con el hombre productor se pone en juego dentro de la familia. La primera premisa de poder que aquí encontramos es la del patriarcado, del sometimiento del hombre sobre la mujer. La sociedad fundada en la propiedad privada necesita de ciertas instituciones: la familia patriarcal- autoritaria , la monogamia de la mujer, su castidad prematrimonial y fidelidad, que garantiza la herencia paterna, la propiedad del varón respecto de los hijos. La segunda premisa en relación con la primera es la familia heterosexual, reproductiva y obligatoria.
La disciplina del sujeto se conforma, se controla y vigila dentro de la familia. Deberás ser heterosexual es la ley primera, ¡lo natural es la heterosexualidad! es lo que retumba en nuestra psiquis desde los primeros años de vida. La ley no se transgrede por lo tanto no hay posibilidad de sexualidades divergentes. El padre disciplina a su mujer y a la vez ambos del deseo de sus hijos.
La disciplina se encuentra en la cárcel, la escuela, la iglesia y sobre todo en la familia. La familia es la reguladora de los mandatos sociales y culturales, la que regula y constituye lo que Freud postulo como superyó. Freud uno de los filósofos de la sospecha describe en su segunda teoría del aparato psíquico al superyó como “una instancia de la personalidad cuya función es comparable a la de un juez o censor con respecto al yo. La conciencia moral, la auto observación, la formación de ideales son funciones del superyó. El superyó se define como el heredero del complejo de Edipo, se forma por la interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales”. (1) La familia entonces prohíbe lo que la sociedad manda. La familia disciplina y tiene como tarea medir, controlar y corregir todo aquello que se muestre con cierto grado de anormalidad.
Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”) después la fabrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. (2) Si la ley de la familia no alcanza para neutralizar el homoerotismo la cárcel lo hará, si ésta tampoco puede tenemos la muerte como receta homofóbica, estas practicas han sido moneda corriente en la ultima y más sangrienta dictadura Argentina. Hoy en tiempos de democracia pocas cosas han cambiado, el articulo provincial 80 de código de faltas, continua en pie, la simulación de sexo es delito, los escándalos en la vía publica como la simple manifestación de afecto a otro del mismo sexo es causa suficiente para que las fuerzas policiales intervengan. La muerte muchas veces también es la condena para las minorías.
La condena social, policial, medica, eclesiástica, escolar y familiar son las que pretenden reglamentar, normalizar nuestro deseo. Nuestros padres conforman la primera instancia de disciplina, son los que en su seno tratan de imponer a través de matrices la heterosexualidad como única posibilidad de sexualidad. La matrices o modelos internos de aprendizaje son la modalidad con la que cada sujeto organiza y significa el universo de su experiencia, su universo de conocimiento . “Esta matriz esta socialmente determinada e incluye no solo aspectos conceptuales, sino también emocionales , afectivos y esquemas de acción. Este modelo , construido en nuestra trayectoria de aprendizajes, sintetiza aquí y ahora nuestras potencias y nuestros obstáculos. (3)
Nuestro psiquismo mantiene una relación dialéctica con los mandatos sociales, y de esta forma de van conformando matrices, estructuras del pensar, modalidades de lo permitido, de lo natural de lo antinatural , de lo anormal, de lo prohibido, de lo inmoral, de lo legitimo de lo ilegitimo.
Una matriz con gran fuerza dentro el ámbito familiar es la matriz hetero. Por esto mismo me resulta paradójico que el paradigma homosexual subversivo que rompía con las jerarquizaciones hoy halla mutado en un paradigma actual normativizado. Para Perlongher la marica -es le verdadero homosexual rebelde- es la más auténtica ruptura de esa estructura jerárquica. Por otro lado la relación gay-gay que trata de copiar la estructura heterosexual de la familia convencional solo da más peso una sociedad que desecha lo que no es productivo. Para Néstor Perlongher la muerte de la homosexualidad en gran medida es causa del paradigma gay posicionado en formas de uniones normales y legales.(4)Lo que ayer era diferente, desestructurante hoy ha devino en normal. La tolerancia heterosexista de algunos progresistas a propiciado la muerte de los actos revolucionarios. La tolerancia es sinónimo de fascismo desde el momento que debemos pedir permiso, y ese permiso es solo para algunos. Mientras que hay algunos que pueden copiar modelos heterosexuales continúan otros tantos condenados a la extrema marginalidad.
¡Hay que abrazar la diferencia con orgullo para neutralizar la condena!
¿Es tan fuerte la matriz heterosexual que es la única que podemos copiar? ¿No podemos crear construir nuestras propias matrices queer? ¿ Es tan fuerte la visión binaria que solo hay posibilidad para una cosa o la otra? La visión binaria de la medicina, policía y familia entre otros solo puede dar cabida la división binaria y a la marcación: loco-no loco; peligroso-inofensivo; normal-anormal; heterosexual-homosexual. ¿Y lo queer? Los mecanismos dualistas anteriores mencionados solo genera nuevas formas de exclusión. Pedro Lemebel ya se preguntaba ¿El futuro será en blanco y negro? ¿El tiempo en noche y día laboral/sin ambigüedades? (5) Las medias tintas, lo que no produce o que no es normal como la familia heterosexual continuara siendo excluido hasta que no sean desbastadas las jerarquías actuales. ¡La matriz hetero, sostenida por heterosexuales y parejitas burguesas gays acomodadas económicamente, deben ser destruidas... ¡Hay que hacerlas estallar!
Basta de categorizaciones, basta de binarismos, lo queer no tiene definición, lo queer pretende romper con toda clasificación. Uno de sus objetivos es problematizar la matrices que hemos que incorporado de un estado que pretende formar sujetos aptos y funcionales. Nuestro objetivo no es modificar gradualmente las categorías, las dinámicas familiares ni las estructuras de poder las cuales establecen una relación dialéctica entre sí; sino nuestro objetivo ultimo es la ruptura radical a toda norma de normalidad. Nuestro objetivo es imponer lo diferente, lo extraño, lo queer porque, como decía Néstor Perlongher, “en esta sociedad uniforme y cruelmente estúpida ser diferente implica ser desigual”.


Bibliografía

1-Laplanche Jean, Pontalis y Bertrand, Jean. Diccionario de Psicoanálisis.
2-Deleuze, Gilles. Posdata sobre las sociedades de control.
3-Quiroga, Ana. Enfoques y perspectivas en Psicología Social
4- Rapisardi, Flavio y Modarelli, Alejandro. Fiestas, baños y exilios.5- Lemebel, Pedro. Loco Afán: Crónicas del sidario.

Thursday, June 08, 2006

Panfleto II

Presentación de vanguardia queer

17, 18 y 19 de noviembre de 2005
Casa por la Memoria y la cultura popular Pasaje Orquídeas 767
Actividades:
Jueves 17:
· Ciclo de cine queer:
“Eduardo II” (1991) de Derek Jarman. 20,30 hs.
Viernes 18:
· Ciclo de cine queer:
“Criaturas Celestiales” (1994 ) de Peter Jackson
Sábado 19:
· Charla-debate: Homofobia.
Género.
· Cierre de la jornada
· Música a cargo de Disonhancia y Hortensia.
· Proyecciones a cargo de Luis Grasso.

Homofobia por el Dr. Ricardo Duranti *

Depresión, fobias, ataques de pánico, etc. ¿Qué tienen en común? Son expresiones de un desorden producto de la represión de la propia sexualidad causado por la lenta incorporación desde el nacimiento, de la pauta cultural acerca de lo que está bien y lo que está mal, aplicada al área más privada del ser humano como es la sexualidad.
En muchos casos los terapeutas suelen atribuir los cuadros sintomáticos al propio sujeto que los padece, y no dudarían en clasificar muchas de las situaciones como fobias.
¿Qué es una fobia?
Es un temor exagerado a un tipo específico de estímulo o situación
Mientras que una situación determinada que suscita placer evoca una conducta de acercamiento, una que suscita miedo evoca la evitación. Los miedos quedan ligados a situaciones específicas como resultado de procesos de aprendizaje. Por ejemplo, los padres con problemas no resueltos en relación a su propia sexuali- dad, inculcan miedos en la infancia que emergen en la vida adulta en forma de miedos sexuales. Algunas veces las conexiones asociativas en las fobias parecen bastante directas, pero en la mayoría de los casos esas conexiones son bastante oscuras.
Sin embargo en estos casos, el problema no es inherente al sujeto, sino a un sistema que clasifica las posibilidades de la sexualidad en pares opuestos: hombre o mujeres, masculinos o femeninos, activos o pasivos. Pero la sexualidad tiene un casi infinito rango de posibilidades, y entre cada extremo de pares existe una enorme gama de grises intermedios.

El monstruo está afuera
En el caso específico de la homofobia esto no es una fobia en el sentido expresado antes. Se trata de una forma de nombrar a un proceso por el cual un sistema cultural (el nuestro, específicamente) rechaza una forma de sexualidad no admitida por las pautas consensuadas en el mismo. Estas pautas son aprendidas desde el momento del nacimiento al incluirse al recién nacido en el esquema culturalmente imperante de división por sexos (macho-hembra) el cual es reforzado a lo largo de la vida con todas las convenciones que clasifican situaciones, conductas y objetos como masculinos y femeninos.
Si bien la división por sexos puede considerarse "natural", la división por géneros es claramente una construcción cultural que presenta
una amplia variación al examinar distintos sistemas socioculturales.
Se llama Homofobia" a los sentimientos negativos, actitudes y conductas dirigidos contra las personas homosexuales" (Weinberg, 1972; De Cecco, 1984).
Se trata de una forma de pensar que no admite oposición y que, en la mayoría de los casos, condiciona fuertemente la conducta de quienes la sufren, los homofóbicos.
El grado de rigidez para admitir las diferencias entre la propia sexualidad y las pautas establecidas por la cultura, marcará la virulencia en que se expresará la homofobia. Así tendremos desde creencias negativas acerca de las minorías sexuales -que podrían o no expresarse-, la exclusión de espacios tales como la educación o el derecho a la materpaternidad, hasta los casos de violencia abierta.
Como hemos recorrido un largo camino, la homofobia hoy no es bien vista, de modo que queda bien tener algún/a amigo/a homo. Sin embargo, admisión y tolerancia no es lo mismo que respeto.
La homofobia opera en distintos niveles, los cuales se hallan estrechamente interrelacionados:

La homofobia individual:
Es el sistema personal de creencias (prejuicios) por el que las minorías sexuales son pasibles de compasión por algún detalle personal que choque con los valores internalizados, o sencillamente por considerar que contradicen las leyes de la naturaleza.

La homofobia Interpersonal
Cuando un prejuicio afecta los vínculos entre las personas convirtiendo el prejuicio en discriminación. Los chistes, motes difamantes, la agresión verbal, o física, la falta de apoyo, los conflictos laborales, son ejemplos claros de este nivel.
Según una encuesta realizada en los E.E.U.U., más del 90% de los interrogados había experimentado algún tipo de señalamiento por su orientación sexual, y más del 30% había sido agredido directamente con violencia y el mismo porcentaje padeció abuso por parte de la policía. Creo que está demás aclarar que en nuestro país los porcentajes deben ser similares, si no mayores.

La homofobia institucional
Aparece cuando organismos estructura-dos (gubernamentales, religiosos, educativos o empresariales) discriminan en forma sistemática por la orientación sexual. En general son las leyes o códigos quienes se ocupan de hacer efectiva la discriminación.

La homofobia cultural
Son las normas o códigos de conducta que, si estar expresamente escritos, funcionan socialmente para legitimar la discriminación. Los ejemplos son múltiples: negar espacios para congregarse, impedir el acceso a puestos de poder, problematización del acceso a los servicios de salud, restricción de la representatividad. Lo que más daño causa, sin embargo, es el enorme temor a la visibilidad excesiva, presionando a los miembros de las minorías sexuales para que pasen desapercibidos y supuestamente "integrados". Otro, es la creación de los estereotipos como una forma de control y de evitar el entendimiento social. Abundan los estereotipos desde los supues- tos apetitos sexuales insaciables hasta los de la apariencia física y la búsqueda constante de causas biológicas.
La cultura alimenta el desprecio hacia las minorías sexuales y nadie se libra de él. La imagen que se crea es negativa y estereotipada y los medios de comunicación distorsionan aún más esta imagen al relacionar la homosexualidad con el crimen y las drogas. Cuando un delito es cometido por un homosexual, o bien cuando un homosexual es víctima de un delito, se destaca inmediatamente su orientación sexual.

El monstruo está adentro
Pero todo lo anterior no explica los casos mencionados al principio, ya que ninguno de ellos sufrió, en apariencia, un episodio de discriminación. Sin embargo, la homofobia más efectiva y paralizante es la que el homosexual carga consigo durante toda su vida. Es la temible homofobia internalizada (o autofobia).
Todo homosexual crece en esta sociedad homofóbica, y como su identidad sexual no debe hacerse evidente, en la mayoría de los casos, hasta la adolescencia, aprende desde muy temprana edad los estereotipos contra los homosexuales. Esto es independiente de la edad en que el homosexual se concientiza de su condición. Por eso se habla de homofobia internalizada.
Para los homosexuales, aceptar que la homofobia -y toda la carga de agresividad que ella conlleva- es parte de su personalidad y que los ha dañado emocionalmente, no es fácil.
Aún en los ámbitos psicoterapéuticos más liberales, los homos deben enfrentarse con el mito de que su orientación es patológica, a pesar de que los estudios serios que han tratado de encontrar alguna diferencia entre la salud mental de los homos, y los héteros han fallado. Y son pocos los terapeutas (aún entre los terapeutas homosexuales) que buscan la fuente de muchos de los síntomas de sus pacientes con orientación sexual homosexual no en la homosexualidad en sí misma, sino en la intolerancia social.
Ninguna orientación sexual está libre de patologías y aunque puedan existir reparos acerca de la calidad de vida que una orientación sexual da a cada sujeto, el análisis de la homofobia interiorizada de los homosexuales debe ser una prioridad, ya que, en general, no se reconoce el daño psicológico que ésta produce.
La homofobia actúa en los homosexuales como una camisa de fuerza que les impide moverse libremente en cualquier espacio social, laboral o vincular. La principal consecuencia es el silencio y la invisibilidad, con la consecuente desvalorización personal que esto produce. La opción por la invisibilidad no sólo limita sino que destruye la creatividad.
La invisibilidad, supuesta garantía de integración, los lleva a una enorme pérdida de energía y a sufrir desajustes en todas las áreas del quehacer humano.
La homofobia es peligrosa, además, por- que se compone en su mayor parte de material reprimido y alojado en el inconsciente, desde donde opera en forma de síntomas o de conductas paradojales para un homosexual. El papel del "súper pariente siempre dispuesto", capaz de hacer a un lado la vida personal en aras de otros, es una compensación por la culpa de ser diferente, y es la mejor demostración de las propias carencias ante los otros. Cuando un gay se burla de las "locas", expresa en forma de chistes una agresión que, en realidad, él mismo recibe de la cultura (¿mariquitofóbica?). Cuando una "loca" actúa agresivamente, presuponiendo que todos desean ser mujeres y burlándose de todo aquel que no entre en el estereotipo, no hace más que actuar en negativo todo aquello que lo/a agrede en lo cotidiano. Cuando el/la travesti reacciona en forma paranoica ante supuestas agresiones de otros homosexuales, no hace más que defenderse de una agresión presentida por llevarla consigo. El sentirse constantemente perseguido, es una forma de aceptar la represión porque se es, de alguna manera, inaceptable. También aparece la homo- fobia con esa fantasía, común a los gays, de preferir "hombres de verdad", heterosexuales. Idea paradojal, ya que preferir hombres que son inconquistables es una locura, pero también es homofóbico, ya que refleja un odio hacia sí mismo.

Todo puto es un homófobo.
Uno de los más habituales medios que usa el inconsciente para manifestar la homofobia internalizada, es por el odio hacia otros gays: "quiero un hombre de verdad" (los gays no son hombres). La desconfianza hacia las relaciones que establecen otros y su tendencia a sabotearlas o menospreciarlas, la rigidez para aceptar estilos de pareja alternativos (del mismo modo que la socie-dad no acepta las relaciones entre homosexuales), la división en clanes (gays, travestis, lesbianas, etc.) considerados irreconciliables, la negación de diferencias (los bisexuales no existe), no son más que la traducción del desprecio cultural hacia la homosexualidad hecho carne.
El prejuicio aparece en los momentos más insospechados, en las relaciones más afectuosas, en los vínculos más estrechos.
El primer paso para ser mejor persona y tener una vida más plena, es descubrir la homofobia internalizada, ya que la misma:
Encierra a las personas en roles de género rígidos, disminuyendo así la creatividad y la capacidad de expresión
El condicionamiento homofóbico impide desarrollar vínculos de mayor intimidad entre las personas del mismo sexo.
Limita la comunicación y los vínculos familiares.
Puede empujar a tener sexualidades desa-
justadas por demostrar "lo contrario"(adolescentes en desarrollo)
Entorpece la efectiva prevención de las Enfermedades de Transmisión Sexual.
Inhibe la capacidad de apreciación de la riqueza de la diversidad.
Desvía energía que podría ser utilizada para otra cosa.
Desacredita los logros de los grupos marginados.
Somete y oprime a otros seres humanos.
La negación es uno de los mecanismos más habituales de la desvalorización y el dolor por una sexualidad diferente. Así, los gays que niegan la represión o que dicen ser felices y no sufrir ningún problema como homosexuales- algo difícil en una sociedad discriminadora como la nuestra-, o que creyendo que comportándose como sujetos "integrados" no tendrán problemas, simplemente niegan la realidad.

* Revista Nexo 57/98

Por una política sexual por Néstor Perlongher

Hemos sufrido mucho en estos largos años (y aún...) Dice Dante Panzeri que el sufrimiento es muy grande antes de llegar al goce. ¿Pero es que, en política, se está hablando de goce? Toda política es, también, una política de la sexualidad. En la Argentina militar, la política del Estado se ha dirigido a evitar la consumación –dificultar el “acto” sexual–. Así, hacer el amor ha dejado de ser un pecado para convertirse en un milagro.
Es cierto que esa represión explícita a la sexualidad –que ha llegado a censurar la mínima alusión erótica– se encastra en una densa tradición machista, machismo que muestra su poder castigando a los más débiles: las mujeres, los maricas, los niños.

Pero este machismo –moralismo que también afecta a los machos en sus andanzas extrafamiliares– no podría tal vez tan fácilmente vencer si no contase con el auxilio de la Policía.
La policía puede, en la Argentina, detener a cualquier persona por un plazo que oscila entre 2 y 7 días, con la excusa de “averiguación de antecedentes”. Ese expediente ha sido usado siempre –y con mayor denuedo en los últimos años– para encarcelar, intimidar, ofender a millares de personas.
Peor aún es la situación de los menores de 18 años, que por el solo hecho de hallarse fuera de sus casas familiares, pueden ser internados en reformatorios, verdaderos campos de concentración de niños.
Los llamados edictos policiales –que no son exactamente leyes sino reglamentaciones internas de la policía– permiten detener a cualquier persona sospechosa de prostitución, homosexualidad, vagancia, ebriedad, etc., y recluirla sin intervención de la Justicia, en la cárcel ¡por plazos que oscilan entre los 30 días en Buenos Aires y los 90 en Córdoba!
Estas reglamentaciones no tienen nada que ver con el estado de sitio que padece el país. Los edictos policiales vigentes en Buenos Aires fueron introducidos bajo el gobierno de Perón en 1946. Un fallo de la Corte Suprema los declara inconstitucionales en 1957 porque no respetan el derecho de defensa. Pero eso no impide a Frondizi aplicarlos con saña, gracias a los servicios del comisario Margaride (jefe policial bajo las administraciones de Frondizi, Guido, Onganía, Perón), que adoraba allanar hoteles alojamiento, detener a parejas por besarse en los parques, organizar gigantescas razzias en subtes y cines en busca de vagos y perversos.
El régimen actual se ha preocupado por dictar edictos policiales en los lugares donde ellos no existían –como Mendoza y Córdoba–. El Código de Contravenciones dictado en Córdoba en 1980, no precisa para castigar “mujeres u homosexuales”, otra prueba que...su permanencia en un lugar público. Basta sólo “frecuentar (es decir, charlar) con un menor, para ser encarcelado por tres meses. Se impone también la internación y cura forzosa del enfermo venéreo, extendiendo a los sifilíticos el tratamiento reservado a los “drogadictos” y a los locos. Estos temas sexuales nunca han tenido que ver con la política, porque la política suele ser un deseo de poder antes que de goce. Pero miles de hombres, mujeres y niños han sido molestados o secuestrados por la policía por no estar yendo “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”.
Claro que al que soporta los estandartes de la normalidad le resulta más fácil “eludir los patrulleros” que a quien no se los banca. Pero es la libertad de circulación y comunicación, amorosa, cotidiana, lo que estas prepotencias del poder cercenan.
La llamada “normalidad” se ha encargado de mostrar suficientemente en la Argentina lo doloroso de su fracaso. Si para mantener a los homosexuales fuera de las calles, es preciso llamar a la policía, entonces queda evidente que esa “normalidad” no funciona por “naturalidad” sino por el peso de las armas. Si la llamada “normalidad” precisa de la dictadura para sobrevivir, entonces revélase ella misma anómala (...) En este momento el lector abraza tiernamente a su esposa: yo no tengo, gracias a Dios, nada que ver con la homosexualidad. ¿Está usted seguro? ¿No será usted en su tibia normalidad, un cómplice complaciente de ese reiterado escarnio? Su miedo a la sexualidad ¿no tendría que ver con la represión moral que familias y policías inculcan desde pequeño?
Nos parece genial que cada cual haga lo que quiera con su cuerpo. Reprimir a la homosexualidad le agrega a esa práctica erótica un encanto subversivo del que ella, naturalmente, carece. Pero que el goce pase por la tortura, la humillación y el secuestro, ya nos parece excesivo. “Hasta la perversión –decía el Marqués de Sade– exige cierto orden.”
Si usted acostumbra dejar su sexualidad en manos de la policía, es lógico que le va a acabar gustando. De ser así, entonces esto “no se va a acabar”.
–Derogación de los edictos policiales que reprimen la prostitución, la homosexualidad, la vagancia, la “ebriedad y otras intoxicaciones”, etc.
–Fin de la “averiguación de antecedentes”.
–Abolición de la censura.
–Libre circulación para menores, putas, taxiboys, travestis, homosexuales, hombre y mujeres en general...
Deseamos que esas demandas sean levantadas en todos los lugares: familias, partidos, grupos, bares, calles, instituciones, medios, etc. No precisamos de la policía para saber cómo comportarnos. Nuestra cotidianidad es un problema nuestro. Aprovechemos el momentáneo “repliegue” del régimen para acabar también con el autoritarismo y la prepotencia del poder.
Un beso.

La muerte del hombre y la mujer por Roberto Echevarren *

Superhembras, supermachos
Hoy, podría aventurarse, el hombre y la mujer han muerto. Esta afirmación, como aquella del siglo XIX, “Dios ha muerto”, sólo se reconoce en un cierto contexto, establecido ejemplos que la vuelven perceptible. Michael Foucault afirma que, si Dios ha muerto, también el hombre, o la nación de tal derivada de la teología y el derecho natural, ha muerto. El hombre, para Foucault, es una fantasmagoría decimonónica, inscrita en el período que va desde la muerte de Dios hasta que se advierte que resulta dependiente de la divina y se derrumba en consecuencia. Nietzche escribió que si Dios ha muerto, haya que encontrar una nueva posibilidad. Tratar, de dar color tanto a la crisis del “hombre” como a la nueva posibilidad que se abre.
Resulta cuestionable referirse a la cultura gay, o queer, primero porque no es homogénea, y segundo porque está imbricada en un proceso que la rebasa –ya que componentes homoeróticos traicionan la expresión o acusan la práctica de muchos de que sin embargo no reconocerían como propia la etiqueta de gay u homosexual.
Pero evoco sus dos grandes figuras durante las dos últimas décadas. Éstas son: a) el travesti y la “loca”, de un costado, con modales discretos o caricaturescos, reconocibles como afeminados, y b) el homosexual supermacho, de bigotes, pelo más o menos rapado, que “hace fierros” –se ejercita con pesas- para desarrollar un contorno musculoso que luce a través de ropa superjusta, atlética.
Estos dos exponentes apuntalan los polos debilitados del hombre y de la mujer tradicionales. Su empresa es heroica: se distinguen del conjunto de la población al defender, contra viento y marea, algo que está en vías de desaparecer. El gesto que encarna una u otra de estas dos figuras se vuelve nostálgico, restaurador, “retro”. Al enfatizar lo femenino o lo masculino, al crear mascarones de uno u otro polo, contrasta con la evidencia de que estos polos van borrándose a partir de otras tendencias minoritarias.
Podría afirmarse que el homosexual, en tanto exhibe y sostiene estos iconos tradicionales, retarda su disolución, y lo mismo se vuelve el emblema de algo que se disuelve.
Néstor Perlongher, en “La desaparición de la homosexualidad”, traza un ciclo de historia homoerótica, un período de alrededor de cien años, desde que un médico húngaro, Benkert, en 1869, inventa el término homosexual como mención a una patología, hasta que, en años más recientes, los estragos del SIDA despueblan los ghettos gay de las ciudades de Occidente. Entretanto, surgidos con gran fanfarria en los años sesenta de este siglo, sobre todo, después de 1969 y el episodio de Stonewall, los movimientos de liberación homosexual se apagan hoy, ya que la etiqueta parece privada del impulso renovador que la caracterizó pocos años antes.
Su interés, como el de otros movimientos, estaría agotado en tanto su salir a la luz ya tuvo lugar, en tanto la liberación alcanzó un cierto éxito. El SIDA no sería sino un ingrediente más en el desvanecerse del homoerotismo como movimiento escandaloso, amenazador del consenso.
Lo que se manifiesta hoy sería más bien la tentativa del homosexual a integrarse, fijado en una imagen tranquilizadora, al conjunto de la comunidad. Los travestis constituyen un grupo asimilado al ejercicio de la prostitución, mientras los gay “masculinos”, más papistas que el papa, o más conservadores en su imagen de hétero, se funden, ya sea en el barrio como en el trabajo, con el conjunto de las personas responsables.
La figura de la “loca”, en el contexto rioplatense, está representada por Molina, el protagonista de una novela de Manuel Puig, El beso de la mujer araña. Si bien esta obra apareció en 1976, después del estallido y despliegue de los movimientos de liberación, y a pesar de que entonces ya estaba en boga el ejemplar de gay supermacho, el personaje de Molina corresponde a una estructura más antigua, incrustada en otras décadas, la del gay que habla en femenino, que se refiere a sí mismo como si fuera mujer, el gay “clásico” y trágico, destinado a enamorarse de un hombre “verdadero”, un heterosexual quien, dado que prefiere “de verdad” a las mujeres, no podrá amar a la loca, sino que la utiliza.
Ciertos homosexuales se abocan a construir los polos de los géneros tal cual existen, o se supone que existan, en el pasado. Arrastrados por esta aventura, los travestis moldean el cuerpo mediante inyecciones y prótesis, o con rellenos (falsies). Comprometen, en mayor o menor medida, el físico, según el verso de Dalmira Agustini: “Y yo parezco ofrecerle/ todo el vaso de mi cuerpo”. Pagan con carne el ensamblaje artificial de un cuerpo de mujer o supermujer. Son las vestales de un fuego casi extinguido, perfeccionistas en un arte que, como el cultivo de una pura esencia, ya está siendo olvidado por las mujeres mismas.
A ese rol se inmolan. Es una apuesta fuerte, y si en los años jóvenes lucran prostituyéndose, me pregunto qué les sucede cuando pasan a maduros o viejos. Otras elecciones pueden variar por un corte de pelo o un cambio de ropa. Pero el travesti que esculpe el cuerpo con las formas que supone deseables es difícil que pueda echarse atrás. Sacrifica la vida a una noción de estilo que no responde a una creación original: es el calco de un modelo recibido, un diseño de la moda que produce el aspecto de la mujer.
El travesti y el transexual son íconos neoclásicos, manifestaciones de un canon conservador, la hipermujer que la moda inventa vis-a-vis del macho, tan diversa de él como si se tratase de especies diferentes.
Un aspecto de la dinámica de la moda, según James Laver, es el grotesco o la exageración (2). A un corsé que enfatiza la cintura estrecha de la mujer sigue en la temporada siguiente otro que la enfatice aún más. A un sombrero grande seguir oro más extravagante hasta que esa línea de desarrollo se agota y ocurre un vuelco, un cambio de dirección que inviste otra zona del cuerpo, otro llamador erótico. A partir de los sesenta se muestran, según la moda, más que nunca las nalgas. El travesti se crea unas ancas y un trasero notorios, desmesurados, esferoides destellantes que parpadean como un semáforo.
El travesti exagera las señales de lo reconocible según la moda. Es la contrafigura de un estrilo que confunde atributos. Si un estilo en fuga lleva hacia lo desconocido, el travesti al contrario regresa hacia lo obvio, al diseño completo de la supermujer. Sigue una hipermoda, un estilo secundario que mima y satiriza la moda. Sobreimprime, reitera hasta lo insoportable, para los ojos cegatos de Mr. Magoo.
Lo retro, la nostalgia camp, invoca un pasado que en esos gestos y esas formas tenían una supuesta vigencia, remite a una generación anterior, a un pasado recreado y a la vez exagerado, a una creencia -en la identidad de cada sexo- que resulta insostenible en el presente. Un transformista que actúa en un club gay elige para su canto simulado o lipsynching, un repertorio de canciones inactuales. En los setentas canciones de los cincuentas, en los noventas canciones de los setentas. Cabe constatar sin embargo una disociación entre la imagen creada (supermujer) y el rol que desempeñan los travestis en relación a sus clientes. Con frecuencia, si no en todos los casos, se les pide que posean a los hombres que les pagan. Estos supuestos heterosexuales, a veces casados, buscan la experiencia contraria a la que cumplen en su hogar o en la vida común. Demandan que el travesti les proporcione la ocasión exótica de ser penetrados. Les fascina el pene del travesti envuelto en la apariencia de una mujer.
Quizá esos clientes resulten intimidados por la figura del hombre “normal”y no se atrevan a confrontarla, mientras el prostituto los inicia en oportunidades dos veces clandestinas. Si, según Jaques Lacan, el hombre tiene pene pero la mujer es el falo, en el sentido de que ofrece lo que no tiene, el travesti ofrece lo que sí tiene, y se le paga por ello. He aquí un milagro, una paradoja o disyunción entre el aspecto y práctica, como si invertir la señal y la expectativa sirviese, al menos en ciertos casos, para excitar más.
La segunda apuesta de los homosexuales, a partir de los setentas, es la recreación del supermacho. Es curioso que el auge de esta figura haya ocurrido hace veinte años, después del estilo del rocker y del hippie (en los sesentas) hubiera desmantelado, se diría que para siempre, la imagen de un hombre. El gay masculino es la figura inversa y simétrica a la del travesti. Revela igual que éste una nostalgia por la época de lo hombres “verdaderos”. Es, por lo tanto, y como el travesti un icono de lo que ya no hay, una creación neoclásica y conservadora. Se obtiene por aumento de la musculatura mediante el ejercicio de pesas e ingestión de asteroides. Otras trazas de rigor son el pelo rapado o corto, el bigote y la barba. Resalta el vello del rostro, rasgos secundarios del macho, mientras que se elimina el pelo de la cabeza, como si fuera un patrimonio sospechoso de la feminidad.
Se valora una actitud agresiva o brutal, con ribetes S&M, recalcada por una vestimenta que invoca al cowboy, o a un encuerado motoci- clista, o más atrás, a soldados u oficiales de la Segunda Guerra, o bien es un disfraz de policía. Típicos de este aspecto, los dibujos de Tom de Finlandia –quien experimentó la guerra del lado nazi- incorporan a los contornos hipermasculinos ciertas líneas y detalles de los uniformes militares alemanes. A partir de los cincuentas y sesentas, los dibujos de Tom iluminan las publicaciones minoritarias, desde los magazines porno hasta las revistas mimeografiadas de ciertos grupos de activistas gay.
Pero aquí encontramos una nueva disyunción entre aspecto y rol. Ya que muchos de estos clones o imitaciones del macho juegan un rol sexual pasivo, o por lo menos vuelta y vuelta. Su registro de voz, entonaciones y modales no siempre están acordes con la imagen masculina que intentan proyectar. Aquí encontramos un funcionamiento inverso y complementario al de los travestis. En éstos, ya lo señalé. El com- portamiento sexual es con frecuencia activo. (Y no todos convencen con su imagen tampoco, ya se comprueban discrepancias entre el aspecto y el gesto, maquillaje y voz, curvas femeninas y porte masculino. uñas pintadas y manos demasiado grandes para una mujer, entre otros detalles.)
Es sintomática la retención de un común denominador para las dos figuras simétricas y opuestas de la homosexualidad: es el término, queen, reina. En el caso de los afeminados, este término va de sí. En el caso de los “masculinos”, se le agrega una especificación: muscle queen, reina con músculos. La figura del supermacho llega para encubrir o negar, mediante una construcción, el desmoronamiento del aspecto convencional del hombre operado por los hippies y los rockers.
Curiosa y reveladora es en este sentido la evolución de Freddie Mercury.
Emergió con una imagen glam derivada del rock psicodélico y prima hermana de los New York Dolls: trajes de raso blanco ajustados al tallo, pantalones acampanados, pelo largo y maquillaje daban, en la primera mitad de los setentas, un porte equivalente al de Steve Tayler, cantante del grupo Aerosmith, ambos sucesores del Mick Jagger de la película Performance (1970).
El nombre del grupo de Mercury, Queen, evoca el Gay Liberartion Front inaugurado en Londres al principio de esa década. Entonces pudo parecer, por un momento, que el nuevo andrógino y la tendencia gay coincidían. Pero más tarde Mercury se transformó en una muscle queen. Pasó del andrógino glam heredero de los sesentas a un hombrón morrudo e hirsuto, de cabellos cortos y bigote, que exhibe los bíceps y los pectorales sobresalientes de una camiseta de breteles. Murió de SIDA, uno más de los clones enfundado en un rotundo cuerpo viril. Fuera del caso de este rocker gay, el supermacho reinó en la música pop. Village People fue un grupo discopop gay de Nueva York que al fin de los setentas y principios de los ochenta cocinó éxitos populares como “WMCA”, sigla que designa los gimnasios de la Asociación Cristiana de Jóvenes, donde los homosexuales desarrollaban su musculatura.
Los músicos de Village People recreaban cada uno la variante de supermacho: uniforme de policía o ropa de obrero de la construcción. Sólo uno de los cuatro componentes no era clon: estaba disfrazado de indio en el estilo rocker o del hippie de los sesenta. ¿Cuáles son las razones del look clon macho de los gays? Una parece ser la autoprotección. Con su aspecto conservador, “garantizado”, de hombres, neutralizan el costado censurable, homoerótico, de su práctica. Los vuelve más aceptables frente a los héteros, a los cuales imitan, y aún sobrepasan. Aminoran las molestias de la fricción y el rechazo, así como el riesgo de perder ciertos beneficios, el trabajo y la vivienda. Pero esta estrategia protectora no sería la única razón. Estos gays tendrían una fijación erótica masculina, pero, al revés del afeminado que se limita a desear a los machos, lo clones fabrican, como una industria internacional gay, al macho en decadencia o en vías de desaparición.
De modo que si la loca era trágica en la medida en que no podía ser correspondida por un heterosexual, los clones se transforman, según el aspecto, en los propios machos que desean. Este gay de la generación posterior se produce a sí mismo, encarna como “verdadero” hombre, ya que sus músculos y sus bigotes son reales. Por más que se salga del “closet”, es decir, se declare gay, suele disimular una parte de sí. Al revestir el polo unívoco del hombre, borra o camufla el costado pasivo de sus preferencias. Esto al nivel de la imagen. No al nivel del comportamiento erótico (con frecuencia inverso a la señal que emite con su disfraz).
Se me dirá que el utilizar una imagen para un cometido diferente de aquél para el cual fue inventada es una innovación de desplaza el importe de la moda y equivale a una innovación de estilo. Estoy de acuerdo en la medida en que se comprueba un desplazamiento: el molde de la moda, aplicado a la mujer biológica, obtiene un resultado diverso a la aplicación de ese molde a un hombre biológico. El traspaso de atributos secun- darios no alcanza, salvo en casos de excepción, a cubrir del todo las características viriles. El fracaso parcial del intento expone un doble fondo al nivel del aspecto, correlativo a la disociación entre imagen y práctica y a un discurso humorístico acerca de ese doble fondo.
El travesti es una parodia de la feminidad, y el supermacho resulta asimismo paródico, ya que la distancia entre imagen y comportamiento, subrayada por otro discurso humorístico, vacía el modelo de masculinidad. En ambos casos emerge un perfil de simulaciones, de presentaciones exageradas y paradójicas, de farsa permanente, aludidas por el término camp, que se asocia a la sensibilidad gay.
Pero también es cierto que, al caer o disolverse de a poco, a través de otras derivas del estilo, lo polos del hombre y de la mujer, los chistes gay acerca de un doble fondo se vuelven inanes, pierden filo y sentido. Lo cual constata Perlongher: “Toda esa parafernalia de simulaciones escénicas jugadas normalmente en torno a los chistes de la identidad sexual, derrúmbanse –diríamos, por inercia del sentido, con estrépito, pero en verdad casi suavemente-, en un desfallecimiento general.”(3) En definitiva, ¿a quién le importa la simulación gay, cuando comienza a resultar obsoleta por pérdida del modelo simulado, de la noción misma de la identidad sexual?

Notas
1) Néstor Perlongher, La desaparición de la homosexualidad, en El Porteño, 12 de noviembre de 1991.
2) Javier Laver, Breve Historia del traje y de la moda, Madrid, Cátedra, 1992.
3) Néstor Perlongher, articulo citado.









*Nota: Este texto es la primer parte del capítulo II de Arte andrógino: estilo versus moda, libro de Roberto Echevarren (Montevideo: Libros de Brecha, 1997).